¿Justicia o vendetta?
Las acusaciones contra un ex Presidente de la República no deben ser tomadas de forma ligera. Por la seriedad de la cuestión, los cargos no pueden ser materia de bochinche como lamentablemente está ocurriendo en la ya larga serie de murmuraciones sobre los actos en los que pudo tal vez estar involucrado Martin Torrijos antes de alcanzar el solio presidencial. Se ha dicho con acierto que el CEMIS es la gran mancha sobre la democracia. Se ha repetido hasta la saciedad que en dichos actos ilícitos estuvieron involucrados los tres órganos del Estado y partidos de gobierno y oposición. Pero el juzgamiento de un ex Presidente requiere que las acusaciones sean pronunciadas en voz alta, y que se respeten las reglas del derecho, pues aquí como en otras instancias, la justicia selectiva no es justicia, es atropello utilizando los recursos del Estado. Que Martín Torrijos responda por las cosas que debe responder junto con todos los otros que le acompañaron, pero que se haga con la rectitud de la Constitución y las leyes. El reciente caso del juzgamiento y destitución de la anterior Procuradora no deja un buen sabor en la boca pues pareciera que nuevamente se quiere justificar lo injustificable añadiéndole el adjetivo “político”. Por más que tengan connotaciones políticas se trata de juicios que deben ser respetuosos del derecho. De lo contrario, se habrá malogrado el efecto corrector en lo que concierne al rumbo a la democracia panameña y se abrirá una hoja nueva para registrar las próximas venganzas.
