¿Justicia para todos?
Condenas fuertes y expeditas para los hijos de la cocinera y condecoraciones para los que ordeñan la teta del Estado. Esta es una realidad innegable que se vive y decir lo contrario, es aceptar lo inaceptable. No hay duda de que mis comentarios pueden estar colmados de palabras cortantes y filosas como la hoja de una navaja, pero así es mi naturaleza aprendida con lecciones directas en la universidad de la vida.
La bendita justicia en nuestro país cabalga con rumbo al despeñadero y frenar las abultadas denuncias contra magistrados y jueces es misión imposible y que solo una fuerza divina puede ser capaz de controlar los insaciables apetitos de oscuros personajes implorando poderes ilimitados, enriquecimientos ilícitos, nepotismos y también se agregan otras criaturas que con voracidad ilimitada exigen del Estado su parte del pastel.
Veamos algunas ridiculeces que se dan en nuestro sistema de justicia. Se habla de "pinchazos" como un pecado mortal que los modernos inquisidores con invisibles y oscuras capuchas, pretenden llevar a la hoguera a quienes han logrado atraparlos fuera de base con intervenciones sensitivas. La verdad sea dicha. El deporte favorito de todos los gobiernos es conocer por adelantado los movimientos de opositores y hasta de su propia gente. No hay medida humana para limitar los "pinchazos" que regocijan y divierten a los gobernantes de turno. Tenemos buena cantidad de buenos abogados que respetan la constitución y las leyes, pero eso no basta para detener a caprichosos magistrados, jueces y fiscales que crónicas decisiones interpretan a su antojo lo que el despistado olfato les sugiere.
Los delincuentes comunes o de cuello blanco tienen en sus agendas contratar abogados que tengan conexiones directas con los administradores de justicia. Los buenos suman más y todavía parpadea una luz en el túnel esperando iluminar con mayor amplitud el camino de una auténtica justicia.
Con la serenidad de un viejo juez, escuchamos y aprendimos con interés la sapiencia de un hombre que en su momento fue administrador de justicia y aceptó algunas "comisiones" por favorecer a implicados en delitos. Su valentía en reconocer ese comportamiento es admirable. ¿Cuántos podrían confesar sus pecados y testimoniar sus pecados frente al pueblo?
Se dice que la justicia, la bendita justicia, debe ser como un caballo con dos jinetes cabalgando espalda con espalda, uno mirando el camino recorrido y el otro mirando el camino por recorrer. Esta sentencia breve y doctrinal es dirigida a personas pensantes y honestas que todavía cifran sus esperanzas en una justicia con nuevas raíces sólidas conformadas por hombres y mujeres con disposición y voluntad de aplicar leyes justas para el pueblo.
Periodista