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Justicia tiene sus vacíos


Adelita Coriat / Periodista. (opinion@epasa.com) / -

Un reciente estudio del Centro Internacional de la Pena de Muerte (DPIC) revela que en las cárceles norteamericanas recibir una condena de pena de muerte puede ser tan aleatorio como que le caiga un rayo a alguien.

¿A qué se refiere? El documento hace un análisis de los 35 años después del restablecimiento de la pena de muerte y explica que incluso la visión de sus más sólidos partidarios ha cambiado en estos días. La razón de esta nueva óptica responde a razones dramáticas; la pena de muerte no se está aplicando de manera justa para todos.

A lo largo de esta historia, más de 140 convictos, que habían sido sentenciados a muerte, demostraron que eran inocentes y que la justicia tenía inconsistencias en sus expedientes, o que el ADN no era del homicida, etc.

Sin embargo, el problema es mucho más hondo que eso. El informe cuestiona dos frases fundamentales: ¿Quién ejecuta? ¿Quién está a salvo? Y hace estas preguntas basadas en casos en los que los peores delincuentes a menudo han evitado la pena de muerte, en comparación con otros que la esperan. Un ejemplo es el del asesino en serie Gary Ridway, quien se declaró culpable de matar a 48 personas en la ciudad de Washington, y se salvó de la pena de muerte a cambio de confesiones detalladas sobre sus víctimas.

En Estados Unidos ocurren aproximadamente 15 mil muertes al año. Pero uno de cada 326 asesinatos puede llegar a ser impredecible por algunas variables; si el convicto es negro, si el delito lo hizo en un Estado determinado, o si tiene dinero.

Los acusados, cuyas víctimas son blancas, por ejemplo, tienen mucha más probabilidad de recibir la pena de muerte que si la víctima es negra; también si nació en un municipio relativamente pequeño y en un Estado donde hay pena de muerte. Otro de los factores más importantes es si cuentan o no con dinero para pagar un abogado privado, ya que los que otorga el sistema trabajan a manos llenas y no ponen la suficiente atención a los casos. Además, dos tercios de las apelaciones se revocan en casación.

Estas estadísticas deberían alentar al sistema judicial norteamericano a reflexionar acerca de lo peor que ocurre en sentencias de esta naturaleza, después de todo, una vez muerta la persona no hay quien haga justicia, ¿o sí?

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Viernes 14 de agosto de 2026