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Justicia y corrupción judicial

Por: Redacción 16/08/2013

Silvio Guerra Morales / Abogado (opinion@epasa.com) / -

La corrupción judicial no puede permitirse en ninguna forma de expresión. No puede tolerarse que los jueces soliciten prebendas a las partes o que una de las partes corrompa al juez. Que los jueces utilicen a su personal, a veces propios secretarios o trabajadores manuales, en otras ocasiones a sus propios guardaespaldas, para hacer depósitos bancarios de cuantiosas sumas de dinero o que lleven expedientes a determinadas firmas forenses o a despachos públicos y requiriendo de estos que hagan las sentencias o las resoluciones de los casos y por ello pagan, dando como pago, parte de la coima o de la prebenda recibida.

LA JUSTICIA ESTÁ VICIADA DE MALOS OLORES. Y DA PENA QUE NO POCOS ABOGADOS SE HAGAN PARTE DEL SISTEMA, AMIGOS DEL SISTEMA, COLUMPIEN CON EL SISTEMA Y NADA DICEN, NADA CRITICAN. NO SON POCOS LOS QUE TRAFICAN EN EL SISTEMA EL LUCRO Y LA GANANCIA INDEBIDA.

Tampoco puede permitirse o tolerarse, de ningún modo, que el juez o magistrado, valiéndose de su posición, convierta su cargo o su puesto en una especie de puerto o en un instrumento para traficar influencias y granjearse casos en sus antiguas firmas forenses –de la cual nunca se divorcian en realidad- y hacer entre firma y cargo un puente propicio para que fluya la ganancia o el lucro pues se piensa, por parte de muchos, que un magistrado es garantía de triunfo y para ello nada mejor que hacerse de la firma de abogados en donde antiguamente ejercía su profesión cuando litigaba y que, generalmente, cuando terminan el cargo, allá retornan.

No puede ser cierto que jueces y magistrados, luego de que son nombrados, a los pocos meses o años, aparezcan siendo dueños de condominios, fincas, ganado a montón, portentosas y asombrosas cuentas bancarias, sea por cuenta propia o por interpuestas personas naturales o sociedades y cuando se analiza el sueldo o salario, nos damos cuenta de que el mismo no da para tanto.

Hubo un caso en el que un magistrado se atrevió a decirle a la parte que demandaba que por qué no arreglaba el caso, ya que él se ofrecía como mediador y que era muy amigo de la firma de abogados de la parte demandada. A los pocos días levantó una medida cautelar en favor de la parte demandada tras un amparo sentenciado de modo inverosímil y violentando todas las reglas de nuestro ordenamiento legal se ordenó el levantamiento de un secuestro. Lo que el magistrado no sabía es que los humildes demandantes lo estaban grabando. Me tocó escuchar toda esa nefasta grabación.

Ya he escrito que los jueces no pueden ser corruptos, no deben serlo. Nunca. Deben ser bien pagados, creo en la buena paga de quienes administran justicia. Pero también he escrito que ello no basta por sí solo. Se requiere catadura moral, ética, vida ejemplar, desarrollo personal y trayectoria de vida. Se requiere predicar con el ejemplo.

Un juez o un magistrado, un personero o un fiscal, debe proyectar verticalidad como lo predica el significado de la palabra derecho: directium, lo que es recto, correcto, vertical. No pueden haber jueces ni operadores dentro del sistema judicial torcidos o retorcidos. Se demanda transparencia en la administración de justicia. Enhorabuena la actuación de la procuradora Ana Belfon que teniendo pruebas de funcionarios corruptos, que ocultaban evidencias y perdían evidencias o pruebas, no le tembló la mano para proceder y limpiar. Ojalá que las cosas en mi provincia cambien. Falta el resto del país.

Tampoco puede un magistrado valerse de su puesto para ayudar o auxiliar a parientes, amigos, o personas afines o vinculadas a él y torcer el brazo de la ley o hacer que el Derecho suene como torcido. La justicia está, sin duda alguna, viciada. Viciada de malos olores. Y da pena que no pocos abogados se hagan parte del sistema, amigos del sistema, columpien con el sistema y nada dicen, nada critican. Por el contrario, no son pocos los que trafican en el sistema el lucro y la ganancia indebida.

El presidente Martinelli, a pocos meses de concluir su gestión de gobierno, aún está a tiempo de enmendar la cosa judicial. Introducir cambios que siembren esperanza de vida jurídica a los miles y miles de panameñas y panameños, extranjeros y residentes que se encuentran en esta nación y que se hayan totalmente decepcionados del sistema. Y con ello, peligran la certeza y la seguridad jurídica. Ya la jurisprudencia y la doctrina probable en la administración de justicia suenan a cantos de sirenas. Para nada sirven. Funciona el juegavivo, la chicana y la artería.

Todo este marasmo institucional socava los mismos cimientos de la patria. Socavan las demás instituciones, y tanto es así que nadie le niega a otro, cuando le advierten que demandará en los tribunales, restregarle en su propia cara la expresión “haz lo que quieras”.

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Jueves 13 de agosto de 2026