Juventud en el ojo de la tormenta
Los jóvenes están en el ojo de la tormenta. Por una parte se alejan o ausentan del sistema educativo en base a la triple dinámica de expulsión (por la baja calidad de la oferta educativa), exclusión (por la pobreza, condiciones sociales) y repulsión (porque ellos mismos no sienten identificación con un sistema educativo lejano a sus intereses y aspiraciones). En el mercado laboral, viven duramente la desregulación con un impacto en el primer empleo, la estabilidad, permanencia. Son criminalizados en las acciones represivas, y viven una realidad de desesperanza construida por un mundo adulto que le ha legado una sociedad desigual, asimétrica e injusta.
En medio de todo esto están las culturas juveniles, como espacio donde grupos de jóvenes buscan recrear nuevas maneras de hacerse presente en los temas que les importan y le son significativos. Estas formas de expresión, reñidas con las tradicionales, están dotadas de fuerte discurso ético y actitudes de resistencia. No son neutras ni asépticas, pues están permeadas por las culturas híbridas, ligada a los medios de comunicación y la tecnología de la información que crea lenguajes comunes pero también enajenaciones. Viven otros sueños, otras utopías y mantienen una brecha generacional enorme con quienes dirigen ahora la política. “Reiterados estudios nos dicen que los jóvenes no tienen interés en la política y que se aburren con esa temática. Esto no significa que quieran una dictadura ni que rechazan el juego democrático. Ocurre que quieren una democracia más cercana a su vida y a sus necesidades. Quieren una comunicación que sea compatible con sus propios códigos y sus problemas. Es poco probable que con el tiempo se “eduquen” y actúen como quisieran los teóricos de la política. La única forma de lograr que se integren al quehacer político es escucharlos y aprender de ellos nuevas visiones que enriquezcan a la política como la entendieron las viejas generaciones.”, afirma Jaime Duran.
La democracia y el desarrollo necesitan de movimientos sociales juveniles de nuevo tipo (puede estar ligado a tema ambientales, o derechos humanos, anticorrupción, o muchos otros) que caminen hacia más complejidad organizativa y visión estratégica, convirtiéndose así en sujetos participativos de transformaciones mucho más de fondo. Para lograrlo tendrían que:
Impulsar el empoderamiento de las asociaciones juveniles existentes como un factor de cambio y sensibilización. Reforzar los valores democráticos y de derechos humanos a través de los procesos educativos formales y no formales. Aprendizaje sobre formas de control democrático ciudadano (incidencia política, rendición de cuentas, monitoreo, negociación, diálogo, cabildeos y formas no violentas de protesta), que permita conocer maneras de relacionarse transformadoramente con una realidad que les es hostil o indiferente, y que creen muchas veces inalcanzables.
Formar en torno a la necesidad de una reforma política y social profunda sobre la base de la escuela participativa de la democracia. Fortalecimiento de la capacidad asociativa participativa democrática juvenil en colegios y comunidades. Introducción de la metodología de la lectura crítica de los medios de comunicación en colegios y asociaciones juveniles, como forma de lidiar con valores y antivalores presentes en los medios. Introducción en todos los proyectos y programas del eje transversal de lo juvenil, conjuntamente con los de género, ambiente y etnia.
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