Kosovo
La Corte Internacional de Justicia de La Haya dictaminó el 22 de julio que no fue ilegal la declaración unilateral de independencia de Kosovo. Esta resolución, si bien no implica que se acepte dicha decisión, ha de tener importantes repercusiones en la geopolítica global.
Hoy solo 69 de los 192 miembros de las Naciones Unidas y 3 de los 5 integrantes plenos de su Consejo de Seguridad reconocen a Kosovo. Si esta antigua provincia autónoma de Serbia logra incorporarse a la ONU, tal como exige EE.UU., se abren las compuertas para que decenas de otras provincias o etnias pudiesen pedir más adelante su integración a ésta.
Hay un ente, la UNPO (Organización de Naciones y Pueblos No Representados) que agrupa a 54 pueblos que tienen anhelos de convertirse en Estados. Para que las Naciones Unidas puedan incorporar a un nuevo asociado se requiere una serie de requisitos, pues, de lo contrario, esta cree que se podría dar luz verde a una serie de fragmentaciones y choques entre naciones.
Uno de los criterios que ésta ha tenido es que el país que solicite ser parte de la ONU haya sido una entidad con fronteras y administración previas claramente demarcadas.
Las naciones Unidas han aceptado a un centenar de antiguas dependencias de Asia, África, el Caribe y Oceanía pero se han negado a reconocer la soberanía de Biafra, Katanga, Kurdistán o de los mapuches.
En el caso de las 3 antiguas federaciones socialistas de Europa del este la ONU ha aceptado la independencia de las 15 repúblicas que conformaron antes a la Unión Soviética, las 6 de Yugoslavia y las 2 de Checoslovaquia. El veto contra el reconocimiento de Kosovo lo plantean Estados que tienen miedo que ello daría lugar a que sus propios países se fragmenten: España por los vascos, catalanes, gallegos y canarios; Grecia y Chipre por los turcos chipriotas; Argentina por los británicos de Las Malvinas; Rusia por Chechenia y otras regiones: China por Tíbet y Xinjiang; etc.
