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La agonía del PRD

Por: Redacción 27/08/2014

Devastado por sus contradicciones internas y el aceleramiento del fraccionalismo individualista, el PRD ha dejado de ser una organización política cohesionada en la que los dirigentes mandan y el resto obedece. El verticalismo militarista de Omar Torrijos ya no funciona en el PRD, en el que, como se dice, todos quieren ser caciques y cada vez hay menos indios.

Tras dos derrotas electorales con Balbina Herrera y Juan Carlos Navarro a la cabeza, se han abierto procesos de discusión interna para sancionar a los culpables del fracaso, pero estos evaden responsabilidades y quieren conducir el partido otra vez. En lugar de efectuar un proceso de autocrítica general, que esclarezca las raíces profundas de los descalabros electorales, se ha acentuado una división de tipo caudillista para controlar el poder interno que los está llevando a la desintegración.

Se ha filtrado a los medios de comunicación la existencia de corrientes que se preparan para crear nuevos partidos dentro de un movimiento de escisión fomentado por las facciones en pugna. Las divisiones de torrijistas auténticos de la primera hora y torrijistas de nuevo cuño corroen la reconstrucción del PRD. Y no faltan los que se dicen torrijistas históricos y repudian al PRD actual. Pero lo que percibe la gente es que el PRD se está autodestruyendo por obra y gracia de las rivalidades intestinas y por su incapacidad para adaptarse a las características de la sociedad contemporánea.

Donde se evidencia con más nitidez la descomposición del PRD es en la Asamblea Nacional, en donde cada uno de ellos parece tener una autonomía caótica. Los miembros de la bancada marchan por su propia cuenta y riesgo. Como no se entienden entre ellos mismos en la elaboración de proyectos de leyes y hasta se niegan votos de respaldo, la coordinación con los diputados panameñistas está resultando calamitosa. No se han puesto de acuerdo en la resolución sobre la contralora ni tampoco en la ley que debe restituir a la Dirección General de Ingresos (DGI).

De resultas de toda esta confusión, no hay señales coherentes de gobernabilidad como producto del entendimiento constructivo legislativo entre perredistas y panameñistas. Hay solo hilachas de gobernabilidad porque el partido de gobierno tiene un número ínfimo de diputados y los perredistas han desertado de su verdadero rol de legisladores de oposición.

Para la aprobación de leyes y ratificación de decretos está supeditado a los favores de diputados del PRD que arrasan la Constitución con lamentables propuestas de retroactividad de leyes electorales que los favorecen exclusivamente.

Los diputados de Cambio Democrático (CD) que ganaron las elecciones en sus circuitos están en salmuera porque el gobierno se vale del Tribunal Electoral para hurtarles la representación. El gobierno panameñista se está cavando su propia tumba, dado que tiene ante sus ojos la opción de alcanzar acuerdos de gobernabilidad con CD que con un PRD mutilado por la crisis.

El país soporta una inestabilidad progresiva por los desaciertos del gobierno panameñista en el control de precios, la inseguridad policial y la carencia de respaldo parlamentario. El odio obnubila la mente de los gobernantes inclinados a destruir y no a construir. La gobernabilidad panameña demanda serenidad, realismo y pluralismo democrático.

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Viernes 7 de agosto de 2026