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La alimentación en la infancia condiciona nuestra salud


Teodoro Martínez Arán (opinion@epasa.com) / Médico-Pediatra.

La nutrición condiciona nuestra salud a lo largo de toda la vida.
Comemos para crecer, para desarrollar nuestro cerebro, para fortalecer nuestros huesos, regenerar nuestras heridas, luchar contra las enfermedades, pensar, correr, jugar, reír, bailar y disfrutar de la sexualidad, para parir y criar, y para envejecer en las mejores condiciones posibles posibles..

Nuestra historia nutricional empieza incluso antes de que el embrión recién formado se implante en el útero materno y comience a absorber nutrientes de su madre.

Durante la gestación, los embriones y los fetos segregan distintas hormonas para asegurarse un flujo constante de nutrientes desde el torrente sanguíneo de su madre, a pesar de que la dieta de ella pueda tener carencias; simplemente, suele vaciar los depósitos maternos, con lo que en muchas gestaciones se hacen evidentes problema s nutricionales latentes.

Tras el parto, el calostro materno supone el mejor alimento posible para inaugurar el sistema digestivo del bebé. Nada es comparable a este producto diseñado a lo largo de cientos de miles de generaciones de humanos, y que ha permitido a tantos niños a través de milenios sobrevivir al duro período que sigue tras el parto.

La lactancia materna es el único alimento que permitirá al bebé alcanzar la totalidad de su potencialidad genética durante los primeros meses de vida, al estar diseñada específicamente para nuestra especie.

Cada vez más estudios relacionan la alimentación durante la infancia y la adolescencia con el concepto de programación metabólica: la alimentación de nuestros hijos favorece la expresión de determinados genes que podrían influir en aspectos futuros como la masa ósea, o las cifras de colesterol.

La infancia, además, es una etapa especialmente sensible a los efectos nocivos de los tóxicos y contaminantes alimentarios. No solo tenemos que buscar para nuestros hijos una alimentación sana, sino unos alimentos con las mejores condiciones de seguridad posibles.

En el adulto y la persona mayor, la dieta será, junto con los hábitos saludables, lo mejor que podremos hacer para asegurarnos una buena vejez.

Sin caer en el simplismo de convertir nuestra alimentación en la única responsable de nuestra salud, sería negligente olvidar que de todos los factores que influyen en ella (genética, ambiente, infecciones...), los únicos que dependen exclusivamente de nosotros son la dieta y los hábitos de vida.

No hay árbol tan torcido que no pueda lanzar sus nuevos brotes: nunca es demasiado para empezar, ni demasiado tarde para retomar el camino hacia la mejor salud posible.

Médico-Pediatra.