La asombrosa historia de la vida en el universo
Cuando Michael Faraday descubrió la electrólisis, y las propiedades magnéticas de la Tierra abrió un mundo de posibilidades a los matemáticos y a los físicos del siglo XX como Maxwell y Einstein, de paso respondió la cuestión planteada por Isaac Newton sobre por qué existía un orden en todo el universo destacando la fuerza de gravedad; Faraday no está de más mencionarlo, es el prototipo de persona que supera su medio, ya que no tuvo educación formal, era de una muy humilde y vivió en los barrios bajos de Londres; aun así se alzó por encima de las adversidades y con un actitud positiva trascendió el mundo de su época como un gran físico, fue una gran persona; de ellas la ciencia se nutrió y avanzó hasta lo que en la actualidad tenemos de tecnología de ultra vanguardia en todos los campos del quehacer humano.
La búsqueda de una respuesta a las interrogantes que nos hacemos desde inicios de los tiempos nunca acaba. Así los griegos que se declararon amigos del conocimiento –en nuestro concepto-mostraron asombro por el universo, el mundo y el ser humano, de ahí la vocación de la filosofía: escudriñar, buscar.
Ponderando esta sana curiosidad, hemos mencionado a Faraday entre muchos, puesto que su gran expectativa por la posibilidad de otras realidades en el universo permitió avances en el conocimiento humano.
Con esta actitud vamos a considerar el gran hallazgo de una posibilidad de vida, supraterrestre, según medios científicos, tras realizar un mapa geológico de un satélite del planeta Júpiter: Ganimedes. Se descubrió la existencia de un océano subterráneo, el cual sea salado o dulce debe albergar vida, por el medio acuoso en que la vida se encuentra en este planeta. Además detectaron columnas de vapor en la misma luna.
Ahora, se ha considerado que la existencia de microorganismos es una realidad. La existencia de este océano supone que alberga vida y a su vez nos lleva a ver la realidad de nuestro universo: la vida es posible en cualquier medio bajo las mismas condiciones, es decir el ciclo de la vida: agua y vapor. En este caso, supone revisar todas nuestras teorías anteriores, en las cuales se consideraba al planeta Tierra aislado y privilegiado del resto del universo, el cual solo estaba ahí. Pues no es así, la naturaleza está presente en toda luna, satélite, planeta que pueda contener los elementos imprescindibles para la existencia de vida; en otras palabras, nuestro planeta no es una solitaria excepción. Es un ecosistema efectivo que mantiene el equilibrio de la vida y la razón; y los demás planetas y satélites en el sistema solar están demostrando que están vivos y tienen sus propios ecosistemas, a los cuales el hombre deberá adaptarse o terra-transformar, bajo la premisa, de encontrar océanos y ríos, hielo o vapor.
La existencia de estos recursos en satélites y planetas, en especial las de Júpiter con sus acompañantes Ganimedes y Europa, propone que la exploración espacial y la compatibilidad de condiciones para la vida misma coexistan en esos satélites lejanos a nuestro planeta y abre toda una era de colonización e investigación espacial sin precedentes.
Es muy probable que tal hallazgo proponga un proyecto protoplanetario de colonización de las lunas con características para sustentar nuestra vida. Ese es un gran descubrimiento y una enorme potencialidad con respecto al homo sapiens, quien solo hace unos doscientos mil años, fabricaba herramientas de piedra en alguna sabana del continente africano.
En Odisea 2001, obra de Arthur Clarke, nos propuso la existencia de vida en las lunas de Júpiter, y Carl Sagan, el famoso astrónomo, también lo hizo. Hoy la realidad alcanza a la ciencia ficción: la realidad de vida en otros planetas en donde podamos llevar nuestra semilla como parte de un plan aún más superior y que no carece de lógica: las especies con inteligencia deben explorar el universo, porque este universo es amigable con la vida. Así tal como una vez dijese Giordano Bruno, -parafraseando- … veo la inmensidad del espacio, no creo que Dios en su infinita bondad y sabiduría no haya establecido vida en ellos, ya que Dios no es egoísta como el hombre, y existiendo tanto espacio, así mismo debe existir tanta vida.