La autoimagen personal y política
No es extraño oír decir con frecuencia que fulano, fulana o mengano ha cambiado en su particular modo de ser, luego de escalar un puesto público por motivo de orden político. En verdad, eso se ha dado, se da y se dará, sobre todo en la actividad política partidista, que es una de las actividades humanas que más pasiones tormentosas provoca en el comportamiento de las personas.
Psicológicamente está comprobado que la identidad personal es muy engañosa, falsa e ilusiva. Aparte de eso, nos identificamos de muchas maneras diferentes, según las circunstancias. En cuanto a la actividad política propiamente dicha, hay que convenir en que quienes intervienen en ella son personas: personas educadas y cultas algunas, y otras, acaso la mayoría, con poca o ninguna formación.
Identifiquemos algunos ejemplos dentro del panorama político panameño. En Consejo de Gabinete, en la Asamblea Nacional o en el Consejo Municipal, los protagonistas se identifican como ministros, diputados o concejales, respectivamente. Pero en otras circunstancias, en la universidad, por ejemplo, suelen ser profesores o estudiantes simplemente. Todavía bajo otras circunstancias pueden identificarse como miembros de una determinada religión o partido político; de una organización profesional, gremial, o sencillamente como padre de familia, gente de clase alta, media o baja.
En todo caso, en la base de todas estas identidades subyace un concepto estable y completo de nosotros mismos que nunca se vio opacado por las demandas o situación política en un determinado momento. Esto significa que por difícil que nos sea definirlo o simularlo, todos tenemos un concepto de nosotros mismos que es más amplio y más básico que los conceptos que tenemos en circunstancias específicas o cuando desempeñamos algún puesto público, ya sea por elección popular, ya sea por selección, o simplemente por influencia política, amiguismo o nepotismo.
Compartimos la opinión de los psicólogos Gene Stanford y Albert E. Roack, quienes sostienen que "la definición más sencilla que puede darse de la autoimagen es que consiste en todo aquello que percibamos que somos nosotros". Empero, podríamos ampliarla diciendo que es en el sistema organizado de las ceremonias y de los sentimientos que tenemos respecto a quiénes somos, cómo debemos comportarnos, cómo aparecemos y, sobre todo, a qué estatus social pertenecemos, independientemente del cargo que ocupamos transitoriamente en la actividad pública o privada.
Lo fundamental de todo está en saber –y demostrarlo en todo momento-- lo que representamos como persona individual y social. Es decir, asumir la responsabilidad que a cada cual le corresponde por la salud, la paz social y el mejoramiento de las condiciones económicas, culturales y sociales de la vida individual y colectiva.
Los cargos públicos no son más que posiciones temporales y por eso debemos ejercerlos con absoluta responsabilidad patriótica, con vocación de servicio y con sentido social. No debemos por ello, darles mucha importancia a los que se ufanan o envanecen cuando ocupan un alto puesto público. Tampoco admiremos ni mucho menos imitemos a aquellos que, a pesar de su senectud decadente, "no saben retirarse a tiempo con el debido decoro y dignidad"; ¡aquellos con presunción de mentalidad mesiánica o que se creen indispensables! También hay quienes, a pesar de su desempeño mediocre o fracaso en su gestión pública, se aferran al puesto público amparados en su particular influencia política o de parentesco personal (nepotismo).
*Pedagogo, escritor, diplomático.