La autosuficiencia, el libre comercio y el sector agropecuario
John Maynard Keynes, considerado por algunos como el salvador del sistema y por otros como un genuino herético opuesto a lo que hoy conocemos como la ortodoxia neoliberal, fue un economista con el suficiente carácter y entereza como para cambiar de opinión cuando por razones científicas esto le parecía necesario. Es así que, de acuerdo con Paul A. Samuelson, Keynes habría afirmado que "cuando los hechos cambian, yo cambio de opinión". Recientemente, John Kay se ha referido a otra frase de Keynes, quien en su obituario de Alfred Marshall habría señalado que "no hay nada malo en estar a veces equivocado ? especialmente si uno lo descubre con prontitud".
Entre los aspectos importantes, aun cuando poco conocidos, en que Keynes varió su opinión fue su visión sobre el libre comercio internacional. Esto queda explícitamente claro en un artículo que él mismo publicó en 1933 bajo el título "La Auto ? Suficiencia Nacional". En este, el autor explica las razones de su abandono de los principios del libre comercio, considerado por la mayoría de los economistas de su época, tal como ocurre ahora, como la única posición teóricamente correcta y moralmente sana. Las razones que da para esta variación en la forma de ver las cosas son de interés actual.
Keynes empieza por poner en duda la idea de que el libre cambio, tal como es preconizado por los economistas liberales, constituye una forma de promover la paz a nivel internacional. En este ámbito, el autor utiliza palabras bastante fuertes al razonar en los siguientes términos: "No parece obvio que una gran concentración del esfuerzo nacional para la conquista del comercio exterior, que la penetración de la estructura económica de un país por la influencia y los recursos de los capitalistas extranjeros sean salvaguardia de paz internacional". Más adelante, la reflexión se hace aún más dura, cuando Keynes afirma que "la protección de los intereses que un país tiene en el extranjero, la conquista de nuevos mercados y el progreso del imperialismo económico son parte inevitable de un plan de cosas que aspira al máximo de especialización internacional y al máximo de difusión geográfica del capital, dondequiera que radique el derecho de propiedad".
En esto Keynes se adelantó no solo a la catástrofe humana que significó la barbarie de la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día, por ejemplo, no queda duda de que las operaciones militares de los países dominantes sobre los petroleros tienen como objetivo el dominio político sobre sus recursos. No es entonces sorprendente que Al Gore en su libro "Ataque a la Razón", refiriéndose a Irak, nos recuerde de manera crítica que "a principios de 2007, el gobierno que Estados Unidos ayudó a establecer en Bagdad promulgó una legislación que fue redactada en Washington para darles a las empresas petroleras norteamericanas y británicas el papel dominante en la explotación de las reservas de petróleo de Irak". Todas estas intervenciones han terminado por dar lugar a las grotescas formas de fundamentalismo que hoy se observan en el área.
... DE SEGUIRSE PROFUNDIZANDO LAS FORMAS DE MERCANTILIZACIÓN, COMERCIO Y EXPLOTACIÓN GLOBAL EN EL SECTOR AGROPECUARIO, MILLONES DE CAMPESINOS,... SERÁN DESPOSEÍDOS DE SU TIERRAS...
Otro aspecto interesante del planteamiento de Keynes es su defensa de la autosuficiencia en el plano de la producción de alimentos, es decir de lo que hoy llamarías soberanía alimentaria. Es así que este autor argumenta en los siguientes términos: "Hasta hace poco, hemos concebido como deber moral arruinar a los trabajadores del suelo y destruir las tradiciones tan viejas como la humanidad al servicio de la agricultura si podíamos obtener un trozo de pan por un décimo de penique más barato. No había nada que no fuera sacrificar a ese Moloch y Mammon, todo en uno? Hoy sufrimos de desilusión". En este aspecto, Keynes también se adelantó a su tiempo.
En efecto, los cálculos realizados a nivel mundial muestran que, de seguirse profundizando las formas de mercantilización, comercio y explotación global promovidas por las transnacionales en el sector agropecuario, se generará una situación que afectará a millones de campesinos, quienes serán desposeídos de su tierras, y se sumirán por esta vía en una profunda situación de pobreza, tal como lo ha venido denunciado desde hace ya algún tiempo Samir Amin.
Las reflexiones de Keynes por su actualidad son una clara invitación a una seria reflexión sobre los problemas de la dependencia y la autosuficiencia. Se trata, sin embargo, de temas que no parecen tener importancia para nuestros actuales gobernantes. Estos evolucionaron en sentido inverso a Keynes, en la campaña política prometieron la decidida intervención del Estado para salvar y desarrollar al sector agropecuario. En la práctica lo siguen destruyendo.