La basura de nadie
Todos la producen, unos cuantos se la disputan y, al final, por extraño que parezca, no le pertenece a nadie. La problemática se siente en un limbo institucional. Así no hay forma de echar andar el país. ¿A quién responsabilizar por el estado caótico del sistema de recolección de los desechos en la ciudad capital? Por supuesto la responsabilidad primordial del saneamiento y aseo de la ciudad será siempre del gobierno. Pero está claro también que el embrollo se inicia en la misma población que la tira de cualquier manera y en cualquier sitio. Ya sea que lo haga en San Miguelito, Vía Argentina o Calidonia, no hay distingos sociales cuando se trata de desatenderse del problema de basura mal empaquetada y mal depositada para su posterior recolección. En este punto el gobierno hace bien en imponer sanciones económicas contra esta malsana práctica, pues sólo cuando empiece a costarle la basura a la población comprenderemos los panameños que la cosa no sólo es asunto de las autoridades. No obstante el problema más serio que se tiene en la ciudad no es la basura que producen los hogares, sino los desechos industriales, entre ellos, los del sector de la construcción. A estas empresas constructoras también les debe corresponder una penalización severa cuando causen tales daños a la capital. Y es que con el tema de la basura, debemos empezar por el principio. ¿Tan difícil es?
