La Betancourt
Querido Director,
Usted me perdonará la licencia de haber puesto en el titular el artículo por delante de un apellido. Durante muchos años, eso sólo era aceptado cuando en el mundo deportivo se hablaba de las atletas rusas o de los países satélites de la Europa Oriental. El caso que nos ocupa, es especial y escandaloso. La Betancourt, que ocupó varios cargos públicos y pertenece a una familia de larga tradición política fue secuestrada por las FARC y sometida a largos años de cautiverio. Su entonces marido y después también sus hijos, sostuvieron una campaña internacional que evitó que el trágico suceso cayese en el olvido. Gracias a esta campaña se tenían noticias de esta señora y así primero supimos que vivía, después que padecía graves enfermedades y más tarde la pudimos oír varias veces con voz lánguida y casi de pre-muerta, diciéndonos desde la selva que había que buscar una solución al problema del enfrentamiento del Estado y las FARC. Medio mundo la creyó, aunque esta vez, como veremos, la farsa duró poco.
Un día glorioso para el Ejército colombiano, sus unidades de élite rescataron a Ingrid y a otros secuestrados. La operación, militarmente impecable, fue dirigida por el entonces Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, hoy Presidente electo. Tras una sorprendente y rapidísima recuperación física (pues había dicho padecer hepatitis, problemas cardíacos y gravísima desnutrición), inició la buena señora una frenética gira internacional en la que, con su tenue voz decía cosas como estas: “Que el mundo sea bueno”, “Que los hombre sean gobernados por la bondad”; “Que la violencia desaparezca del mundo” y así con banalidades similares fue condecorada en Francia por Sarkozy, recibió el Premio Príncipe de Asturias de manos de D. Felipe y otros premios y galardones (todos con gran dotación económica). Director, muy pocos meses después abandonó definitivamente a su marido y se dejó fotografiar con un jovencísimo amante en playas francesas. Se descubrió que había mantenido íntimas relaciones con varios guerrilleros. Nos enteramos de que las enfermedades eran falsas y que gozaba de privilegios en el cautiverio. Descubrimos que se había medio dejado secuestrar acudiendo a una entrevista con las FARC desaconsejada por todos y que después, una íntima amiga suya se había entregado a los guerrilleros para compartir suerte con Ingrid. Como no podía ser de otra manera, anunció que tenía aspiraciones presidenciales en los próximos comicios, pero pueblo colombiano, le regaló un ridículo 2% de apoyo.
Pero ¿cuál ha sido la última ocurrencia desvergonzada de esta representante de la Izquierda Caviar internacional? Demandar al propio Estado colombiano que la salvó y reclamarle 6.5 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios por haber sido secuestrada. Aunque forzada por el propio escándalo, ha retirado esta demanda, pero queda al descubierto la catadura (a) moral del personaje. Queda pendiente otra demanda contra el Gobierno Francés. No tiene interés por los conceptos de Patria, Estado, Bandera, Ejército o cualquier institución que no pueda ser manejada en su provecho. Mientras gobiernos tan benefactores para Colombia como el de Uribe o tan prometedores como el de Santos no se pongan serios y sean ellos los que, con la Ley en la mano, demanden a estos aprovechados y caraduras, camparán por el mundo alojándose en las suites reales de los hoteles de cinco estrellas, bebiendo sólo champagne rosé y vistiendo de modisto en París; eso sí, en nombre del pueblo esta vez que es lo que más indigna, en nombre del sufrido y aterrorizado durante muchos años, pueblo colombiano, al que políticos como La Betancourt han hecho mucho daño.
Atentamente,
