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La Biblia y su propósito en la vida

Por: Redacción 24/09/2014

Es evidente que la cultura de una nación se engrandece cuando sus habitantes buscan y se nutren en los anales que registran los libros, lo cual les permite salir de toda enfermedad cultural que causa ignorancia. Desde los tiempos bíblicos, la inspiración se concentraba en profundizar el análisis temático del estudio de la Biblia, lo que permitía que los hombres al servicio de Dios no cayeran en los errores más destructivos de la humanidad. Sin embargo, datos bibliográficos señalan que los primeros en tener una verdadera formación cultural fueron los egipcios, los asirios y caldeos, quienes proyectaron cambios en sus culturas con la finalidad de que las personas aprendieran muchos y excelentes conocimientos. Para los romanos, la enseñanza de la educación era fundamental desde los 6 años, posteriormente a los 16 años, el joven debería tener como concepto: el honor, lealtad y sabiduría, basado en el derecho romano. Pero más allá de la sabiduría humana y celestial están los precedentes de naciones que incentivaron a hombres como Gutenberg, Calvino, Lutero, quienes enfrentaron al poderío eclesiástico desafiando el consentimiento de interpretar la palabra de Dios, acto que representaba una violación a los preceptos de la Iglesia en Roma. Pero interpretar las Sagradas Escrituras era un derecho conquistado por muchas personas, como lo estableció Montesquieu, quien en su obra “El Espíritu de las Leyes” cuestionaba la actitud del Poder Papal determinando que todo ser humano podría interpretar y leer las Sagradas Escrituras, sin que se le reprimieran sus derechos. Este pensamiento se afianzó más cuando el pueblo estadounidense declaró a los ingleses que solamente era Dios quien podría determinar el principio de la existencia humana. Para ellos, los ingleses, esta acción de leer las Sagradas Escrituras era irrespeto a Jorge VIII, quien reprimió al pueblo, causando el verdadero deseo de una independencia de Inglaterra. Culminada la Independencia de los Estados Unidos y la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1789, se afianzó que todo ser humano es libre de profesar la fe en sus convicciones doctrinales, manteniendo la plena autodeterminación de que es poder estudiar la palabra de Dios. Han pasado muchos años después, pero es importante recalcar que la mayor transformación del ser humano se concentra en la búsqueda de Dios dentro de la Biblia. John Loche expresaba que para visualizar el verdadero cambio y carácter del hombre había que centrarse en estudiar el libro más importante en todo el planeta, la Biblia...

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