La buena justicia es ciega
Aporte Comisión de Valores-Club Rotario de Panamá.
La justicia se representa con una mujer con los ojos vendados, una balanza en una mano y una espada en la otra. La venda en los ojos representa la objetividad, sin miedo ni favoritismos, independientemente de la identidad, el dinero, el poder o debilidad de persona alguna. La espada de dos filos en su mano izquierda simboliza el poder de la razón y la justicia, que puede ser ejercido a favor o en contra de cualquiera de las partes.
La “buena justicia” no distingue entre las personas; debe ser ciega e imparcial, y aplicarse en forma equitativa y con la razón. Una vez que la justicia deja de ser ciega, no hay garantías para nadie.
La justicia representa el conjunto de normas que permiten regular las conductas humanas, facilitando, negando o limitando el actuar humano o institucional.
El concepto de justicia o de lo que es justo varía en el pensamiento y acciones de cada persona, quien apreciará, definirá, practicará y manejará en forma distinta lo que considera correcto o erróneo. Esto sucede igualmente con los sistemas de justicia de cada Estado o nación, en los que los ciudadanos pueden o no estar de acuerdo con los dictámenes de los jueces ante determinados procesos judiciales, sobre todo cuando el resultado de las decisiones no les favorece.
El valor de la justicia está en hacer lo correcto, sin apasionamientos y con mucha objetividad. Ser justos significa privarse de cosas si es necesario, defender a quien tenga la razón aún cuando no guarde amistad o relación con nosotros, ser realista y sin egoísmos.
El Diccionario de la Real Academia Española define justicia como la posibilidad de construir el bien y la capacidad de reconocerlo. La justicia es un valor que nos inclina a obrar y juzgar con la verdad, dando a cada quien lo que le pertenece.
Debemos educar desde la infancia, el valor de la justicia: en escuelas, universidades y sobre todo en el entorno familiar.
La justicia es la firme convicción y voluntad de reconocer derechos, de servir al prójimo y de no explotarlo ni sacar provecho para sí mismo.
Luchar por la justicia no es solo demostrar un alto nivel de intelecto, sino también adornarlo con virtudes, cualidades o capacidades espirituales o éticas. “Moraleja: Dar a cada uno lo que le toca”.