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La cacareada pena de muerte


A lo largo de los últimos meses hemos vivido la intención del diputado Marco González en introducir la pena de muerte como legislación y ha sido hasta hace una semana que la oposición ha sido tan grande que ha pensado consultar mejor el anteproyecto de ley con diferentes organizaciones.

No puedo felicitar a nadie que ha pensado siquiera en imponer la pena de muerte porque sí y porque me da la gana. Es un cambio tan importante y tan grande, que vale la pena estudiarlo y analizarlo más profundamente antes de hacer semejante locura. Si bien es cierto que personas como el tal dominicano que desapareció a cinco jóvenes chinos merece que lo maten, personalmente prefiero que pague mínimo 50 años en la cárcel, sobre todo en una panameña, la peor. Si lo matamos termina su suplicio y no paga ninguna culpa.

En cambio, no será agradable para él salir de la cárcel a los 80 años cuando su vida prácticamente ha acabado porque su productividad pasó y no sería lo corriente que empezara a crear algo con la mente enferma que tiene y tuvo para cometer semejantes crímenes. Lo que le espera en una cárcel panameña es triste y no una fiesta. Claro que no debe rebajarse la pena por buena conducta porque sería extemporánea. Pero lo primero sería que nuestras autoridades judiciales lo condenen y no lo den por loco porque repetiría esa locura matando a 10 más. Ese sería un caso. Otra situación se presentaría por la inmadurez de nuestras autoridades judiciales que por pereza de seguir un expediente, dejan podrirse en la cárcel a gente inocente sin razón, como un joven que escuché estuvo detenido tres años para luego decidir que era inocente.

¿Quién le paga esos tres años? Ahora no consigue trabajo por su récord policivo que debieran borrar de su expediente para que trate de ser nuevamente un ser normal.

Imaginemos que, en vez de tres años detenido, le hubieran decretado la pena de muerte en forma superficial e irresponsable, para después de ser ejecutado digan que era inocente. Y como anda la justicia en Panamá, podría suceder, no una vez sino quinientas y serían igual número de inocentes muertos.

No señores, no estamos preparados para tener pena de muerte ya que la inmadurez es grande y el peligro de injusticia inmenso. La Iglesia se opone, los derechos humanos están medio callados (cuando no deben estarlo), la ciudadanía consciente la rechaza. Si bien es cierto que no soy pariente de las víctimas (ni Dios lo quiera), nadie tiene derecho a quitar la vida a nadie ni siquiera los victimarios, pero para eso propongo dejarlos 50 años en una cárcel panameña.

Quien le quita la vida a otro, quien viola a una mujer o a un infante, quien comete delitos de lesa patria o decapita a alguien por disidencia, merece sufrir mucho.

Ese monstruo dominicano, cuando vea que debe vivir solitario, que nadie lo visitará en 50 años, que no hay posibilidades de redención, sufrirá más que si lo matan.

El señor diputado, autor de este anteproyecto de ley, sería interesante preguntarle cuál fue su propósito al hacerlo en insistir en tratarlo por encima de la oposición al mismo. Qué medicamento estaría tomando en ese momento que lo afectó tanto como para pensar en ello? ¿ Y durante muchos meses no escuché voces de sus copartidarios oponiéndose a dicho proyecto. Sé que muchos de ellos no estaban de acuerdo, pero ignoro qué pudo impulsarlos a actuar así en forma de complicidad.

Diputado Marco González: explíquele a la ciudadanía cuáles fueron sus intenciones originales para que la gente lo comprenda mejor y tal vez voten nuevamente por usted cuando quiera reelegirse. La labor de un diputado es hacer leyes positivas para el país como muchas de las que han aprobado hasta ahora. Que Dios lo ilumine.