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La Chorrera exige paz y seguridad


Los vericuetos y entuertos por los que atraviesa la seguridad ciudadana, al parecer, ya han desbordado la copa de paciencia del pueblo panameño. Tras el horrendo crimen en La Chorrera, en el que se cercenara la existencia a cinco jóvenes en plena manifestación de vida y con afincadas esperanzas de ser personas muy promisorias , nos ha puesto nuevamente en estado de alerta.

Sostenía el padre del psicoanálisis que todo cuanto el hombre hace se inspira en su pleno deseo de satisfacer dos tipos de necesidades: la referida al apetito por los alimentos y la relativa al apetito sexual. Ni una ni la otra son nada sin la preservación de la vida, de la existencia, entendida como derecho primigenio de todo ser humano. Esa preservación de la existencia conlleva un mínimo de cuidados y de garantías que hacen lectura y obligada parada en lo que atañe al Estado y a la comunidad.

Es decir, el protagonismo que adquiere el Estado en garantir la vida, honra y bienes de los ciudadanos y de todos cuantos moramos en este país.

Una comunidad en descomposición social o golpeada por las secuelas del crimen, no pasa de ser, nunca, más que un patético ejemplo de lo que no debe ser una comunidad.

Entiéndase por comunidad un segmento social, parte del pueblo, sumatoria de vecindarios, en donde convivimos a diario, realizamos nuestras actividades como seres interactuantes y que se complementa con un cierto sentido de coherencia y de unidad.

El día miércoles, casi toda su población, La Chorrera, acudió a la cita para promover una exigencia de paz y de seguridad ciudadana y pidiendo a gritos justicia para los muertos y sus dolientes. Quedará para la historia, como mensaje claro a la delincuencia que nuestra población detesta el crimen, aborrece el delito y que la marcha de ese día no sea tomada, como la muestra más evidente de que ahora las comunidades están dispuestas a conformar, lo que sea, en aras de preservar la existencia individual y social, pero tampoco debe excluirse esta posibilidad.

El mensaje, además, ha sido claro: que las autoridades presten atención a qué es lo que se está haciendo en migración con la entrada de quien se le antoje venir a este país. Queda claro que no hay exámenes de nada, ni siquiera la presentación de un informe o examen psiquiátrico o psicológico para personas de sospechosa conducta o personalidad una vez hayan ingresado al país.

Ojalá no lleguemos en esta nación, aún pacífica por sus pobladores, a conformar movimientos ni grupos armados, ni nada por el estilo ni que se le parezca, para repeler el crimen.