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La cólera de la naturaleza


La humanidad no ha podido prevenir los desastres naturales a la que está cada vez más expuestos. En consecuencia, nadie en Panamá advirtió a las comunidades y sus pobladores de los peligros a que estaban expuestos por los aludes de tierra y las inundaciones.

Los muertos y damnificados nos demuestran la vulnerabilidad de muchas regiones del país ante las inundaciones, y dejó en evidencia que aún no estamos preparados y organizados para saber qué hacer y hacia dónde dirigirnos en tales situaciones.

Lo ocurrido en Chepo es un ejemplo. Si podía haberse evitado o mitigado, será cuestión de lo que se investigue cuando venga el tiempo de la rendición de cuentas. Por ahora es importante destacar lo dicho por el presidente Ricardo Martinelli, quien exigió responsabilidades a la empresa hidroeléctrica AES Panamá por, supuestamente, no haber seguido con rigor los protocolos que se exigen en la represa Bayano.

Lo que marca la diferencia entre una nación y otra es el conocimiento de sus habitantes sobre cómo actuar ante las tragedias que se derivan de la ira de la naturaleza. La información, la comunicación eficaz y el control de las autoridades son tareas fundamentales para reaccionar con sensatez frente a los fenómenos climáticos. Lo ocurrido fue lo suficientemente grave que incluso afectó la seguridad de nuestra principal fuente de ingresos como país, el Canal de Panamá, el cual sólo había cerrado antes el 20 de diciembre de 1989, durante la invasión norteamericana a Panamá. Esta vez la naturaleza está mandando señales muy serias de los que está cambiando en el país, y no estamos preparados.