La comunicación, desidia en la educación panameña
No hay duda de que uno de los grandes problemas de la humanidad es la falta de comunicación. Por otro lado, cuando llega a existir algún tipo de proceso comunicacional en el que tengamos que debatir un tema específico, el mismo es deficiente e inconcluso. Un ejemplo claro de un incorrecto proceso comunicacional es el "diálogo" entre la comisión de alto nivel del Gobierno panameño con los educadores representantes de 16 gremios docentes de la comarca Ngäbe-Buglé, transportistas y padres de familia, en el que se exige el arreglo de las vías de acceso y una certificación de seguridad física y psicológica para todos los docentes que laboran en esas áreas de difícil acceso. ¿Es tan grave el problema que no se ha podido resolver en más de un mes?
Lo irónico del asunto es que así mismo como son los caminos, ha sido el diálogo, "difícil". Ha pasado más de un mes y no se encuentra solución alguna a la problemática plantada o simplemente no existe voluntad de las partes de resolver el tema, mientras los estudiantes siguen perdiendo clases y los docentes siguen cobrando sus quincenas. Lo que sustenta que, si no existe ningún otro interés, aquí lo que hay es un problema de comunicación.
Ahora bien, no hay que ser un experto para saber que los perjudicados en este y otros casos donde están involucrados los educadores son los estudiantes. De igual forma, es inconcebible y absurdo que personas con estudios superiores, capacitados pedagógicamente para impartir clases y funcionarios de Gobierno, que de algún modo tienen el don político del convencimiento, después de un mes, no hayan encontrado la fórmula comunicacional para solucionar el problema. Viendo este conflicto, debemos preguntarnos: ¿Cómo nosotros, los padres de familia, podemos encontrar tranquilidad al saber que los que educan a nuestros hijos no saben comunicarse?
Si bien es cierto la comunicación familiar es una práctica fundamental para el buen entendimiento entre sus miembros, también es muy cierto que en las escuelas los niños deben aprender a comunicarse en sociedad. Esta tarea les compete exclusivamente a los docentes, que no saben comunicarse. Lo peor es que esta deficiencia educativa pasa por el proceso de primera y segunda enseñanza y llega a las universidades, donde encontramos jóvenes que no saben leer y escribir correctamente y mucho menos disertar con argumentos un tema de la realidad actual. No hay interés de los jóvenes en debatir sobre política, educación, salud, economía, entre otros temas de importancia para la sociedad. Ya ni la farándula les interesa. Después de observar y analizar durante muchos días, los debates de los gremios docentes por algún tema específico, puedo encontrar una explicación a los muchos problemas de nuestra juventud. Todo se resume en la deficiente enseñanza de los procesos comunicacionales.
Periodista