La comunicación, ruptura de fronteras
Una de las más grandes necesidades que hay en todo ser humano es la comunicación. El hombre no nació para estar solo, sino para la convivencia, la compañía y el diálogo. Por lo tanto, necesita entrar en comunión con Dios, consigo mismo, con los demás y con la naturaleza para sentirse plenamente realizado y feliz.
La estructura espiritual, mental, emocional y física del hombre está hecha para la comunicación, la relación y el encuentro con los demás. Los seres humanos fueron creados por Dios para amar y ser amados. Destruir esta existencia de amor significa romper la unión con los demás y vivir como una auténtica isla. ¡Usted no nació para eso!
¿Conoce la gran muralla de China, que tiene miles de kilómetros y sirvió para aislar a esta nación por muchos siglos? Pues, también existen murallas mentales, raciales, culturales, económicas, políticas, espirituales y religiosas que sirven para que las personas se sientan diferentes a los demás. Por estas diferencias, los seres humanos han creado demasiadas fronteras que han ido matando la comunicación. Imponen fronteras en la medida que alguna persona les cae mal, no lo tragan y murió para ellos. Las personas se esconden detrás de estas fronteras y llegan a pensar que los que no son como ellos no son ni seres humanos; ¡cuando el ser humano está por encima de naciones, economías, razas o credos! Hasta se han atrevido a poner estas fronteras terribles a Dios, pensando que Él no puede llegar donde otros, porque son pecadores, son de otra religión o, simplemente, son ateos y no creen en Dios.
Si usted no se comunica con nadie ni mantiene una relación profunda con los demás seres humanos, probablemente terminará en una situación de soledad, desesperación, angustia, dolor y tragedia. Se sabe de ciertas neurosis y demencias causadas por vivir una vida tristemente vacía y sola.
¡Despierte! No se puede vivir sin la comunicación. Rompa las fronteras y barreras que los hombres se han impuesto, porque van en contra de la voluntad de Dios e impiden acercarse unos a otros. Mejore sus relaciones interpersonales y cultívelas de una manera profunda. Deje ya de vivir una vida triste y sola. El Señor no lo creó para eso.
Para lograr una comunicación profunda con los demás tiene que amarlos, descubrir lo bueno y positivo que hay en cada uno y saber que cada persona es valiosa. Verá qué fácil es amar y comunicarse con la gente. Recuerde que detrás de cada persona hay un ser humano que merece respeto, dedicación y ser escuchado. No respetar a esa persona es no respetar al mismo Dios que la creó.
Para relacionarse bien con las personas usted debe sentir y creer que tiene mucho que dar y que decirles. Cultive bien el arte de la comunicación y podrá entablar grandes amistades, consolidar más su matrimonio y ser mejor en los negocios. Para esto debe cultivarse por dentro, alimentarse espiritual y mentalmente meditando, leyendo, reflexionando, haciendo más oración y dialogando más con el Señor. Escuche a Dios en los acontecimientos y en las personas, porque ellos son medios a través de los cuales Él nos habla. Sea sencillo, ábrase sin miedo a los demás y esté disponible para ellos. ¡Vamos, promueva el encuentro, la amistad y la convivencia con la gente!
Dios le dio el lenguaje para que se comunique positivamente. Para lograr esto es muy importante dialogar, no solamente con la cabeza, sino con el corazón. Sea una persona positiva y sincera en sus expresiones y abra su corazón cuando hable para poder decir cosas que motiven en las personas alegría, entusiasmo, paz y tranquilidad. Que sus palabras sean un medio para transmitir algo bueno. Cuidado con utilizar la lengua para destruir, aniquilar o decir, simplemente, banalidades. Sea una persona más profunda.
La comunicación es un arte y es vida. Mantenga un diálogo permanente con Dios, con usted mismo y con los demás. Deje ya de vivir una vida triste y solitaria. El Señor no lo creó para eso. No olvide que dondequiera que vaya, en cualquier momento o circunstancia, el Señor está con usted. Puede entrar en diálogo con Él mientras camina, maneja su automóvil, espera el autobús o aguarda a alguna persona. Dentro de su alma está el Señor y si usted entra en diálogo con Él cada vez que tiene oportunidad, se va a sentir mucho mejor. ¡Venza la soledad; cultive y valore la comunicación! Sonría siempre pensando que Dios lo ama y con Él usted puede lograr lo que quiera, porque con Él, usted es ¡invencible!