La condición humana y su deshumanización
La vida es sin duda lo que le da sentido a la condición humana, en especial a su heterogeneidad. La diversidad intelectual, emocional, racional, educativa, religiosa y física del humano así lo determina y, a la vez, le da los elementos de su propia identidad y rica variedad.
El hombre y la mujer encarnan esta diversidad y desigualdad sembrando, siempre con mágico poder y cierto sentido providencial, las semillas nuevas que han de impregnar futuras generaciones de actores en esta tragicomedia de la vida.
De igual forma, la humanidad en su trayectoria a través de los siglos, también anuncia y celebra los pasos que ha dado en la prehistoria, la antigüedad, la edad media hasta llegar a nuestra era moderna y contemporánea.
Los ideales de las generaciones pasadas siempre apuntaron a darle proporciones humanas a esa existencia, asegurando una participación activa y responsable a todas sus fuerzas productivas. La razón, la ciencia, la libertad, la democracia son todos logros que han dignificado la vida humana, en especial las del mundo occidental, incluyendo Panamá. Pero con el advenimiento del capitalismo y del comunismo del siglo XX, tan arraigados ambos al siglo XIX con su fuerte tendencia a la explotación y acumulación de riquezas, el humano llegó a ser meramente un bien de consumo o producción, ajeno a su condición humana.
Su enajenamiento lo ha transformado en la encarnación del capital (en el primero) o en el precio de sus necesidades (en el segundo), pues ambos sistemas desembocaron en pleno siglo XXI en sociedades altamente burocratizadas, cuyas fuerzas económicas y sociales contradicen la humanidad de sus ciudadanos.
En el caso del capitalismo, el mercado libre les da la libertad para producir y vender, pero al transcender la esfera de bienes de consumo y trabajo también deshumaniza cualidades existenciales como la estima personal y la particularidad propia, al valorarlas y someterlas al juicio de esas fuerzas económicas y sociales.
A pesar del confort creciente en salud, educación, asistencia social, etc., y sobre todo, del incremento de la producción de bienes materiales, lo cierto es que el humano se ha convertido en un sistema de deseos y satisfacciones, dirigidos por una vasta maquinaria económica, sin compasión ni amor.
Como consecuencia, las grandes multinacionales y los Gobiernos que las miman y defienden se han apropiado de los seres humanos, desconociendo el origen íntimo e individual de cada conciencia, todo para garantizar sus propias ganancias incesantes, cada vez mayores.
El peligro de esto es la creación no de utopías, sino de distopías, como las que describen George Orwell en su novela "1984" o Aldous Huxley en su "Brave New World", de terribles consecuencias.
El problema práctico, para no llamarlo peligro, de la deshumanización que vivimos hoy es la contradicción que existe entre el corazón y la cabeza, como órganos para pensar y sentir, en un mundo capitalista que todo lo convierte en mercancía y negocio solo para ganar dinero.
¿Será que todavía no hemos llegado a ser plenamente humanos?
Economista