La conexión con el yo
Alfonso Echávarri Gorrich /Psicólogo/ccssolidarios.org.es / (opinion@epasa.com)
Lo mismo que ocurre en una habitación oscura al alumbrar con una linterna aquello en lo que queremos centrar nuestra atención se da cuando queremos acercamos a los aspectos más profundos de nuestra propia persona, conectar con nuestro yo más auténtico, con ese yo que es independiente de la máscara social de la que ya nos hablaba Jung en su teoría analítica del yo y que pertenece sin influencia externa alguna a la persona.
Cuando hablamos de personalidad no nos referimos a un concepto estático e inamovible en el individuo, ya que es la personalidad la que permite a la persona adaptarse día a día a las demandas que su vida le reclama. Cualquier persona posee un entorno más o menos amplio de familiares, amigos y conocidos. Y esa persona tiene un repertorio de conductas por las cuales es conocida por dicho entorno. El rango es muy amplio, y a fuerza de repetir una conducta concreta y ser reforzado de manera positiva por ello, esta conducta pasará a ser considerada por la persona como por su entorno como parte de su personalidad.
Sin embargo, el ser humano a veces se sale del guion previsto y se conduce de modo independiente a los refuerzos que pudiera obtener. Aparece entonces esa parte de la personalidad conocida como la más real del yo. Autores como Horney identifican a ese yo real con lo que la persona siente, cree y desea de forma más genuina y que pasa a convertirse en verdadera fuerza psíquica.
El yo real no recibe esta recompensa externa que lo refuerza, sin embargo, es capaz de impulsar el crecimiento de la persona. Esto es así porque es dirigido por la voluntad. Es el yo real el que impulsa a algunas personas a permanecer de forma incondicional al lado de infectados por el virus del Ébola, a pesar de arriesgar en alto grado su propia vida. Y es el yo real del ser humano quien decide cuidar de un padre enfermo de alzhéimer o quien renuncia a renovar su abrigo un invierno más a favor de los estudios de sus hijos.
El yo social cumple una función adaptativa y el yo real impulsa el conocimiento y el crecimiento personal. Dentro de este planteamiento cercano a la psicología analítica de Carl Jung, cabe un tercer componente, un tercer arquetipo que se corresponde con los componentes negados o reprimidos en la persona. Componentes que por no “casar” ni con lo que se espera de la persona desde el exterior, ni con la parte más real de la misma, se envían a una parte sombría de la consciencia.
Cualquiera de nosotros ha podido sorprenderse consigo mismo por su forma de pensar, de sentir o de actuar ante una situación determinada. El ser humano es mucho más que lo que cualquier teoría de la personalidad, por muy reconocida y estudiada que sea, pueda poner sobre el papel. Las teorías y los enfoques nos aportan vías de conocimiento y de reflexión, pero la ingeniería de un pantano no puede compararse con la inmensidad de cualquier mar.