La corrupción (I)
Querido Director,
Estará de acuerdo en que un país como España esté en el puesto 43 en la lista de los países más corruptos del mundo, es preocupante (los menos corruptos son Suecia y Suiza). La corrupción, que generalmente se asocia al ámbito de lo público, afectando fundamentalmente a altos funcionarios y políticos puede llegar a ramificarse por toda una nación e impedir que cualquier decisión o acto voluntario este mediatizado por un previo acto de corrupción. De tal manera que conseguir un papel que el funcionario tiene obligación de entregar gratuitamente o cobrando una tasa preestablecida, se convierte en una odisea en el tiempo que el ciudadano decide romper pagando la correspondiente coima o soborno, que suele estar acorde con la importancia que tenga en sí el documento o la necesidad vital que pueda suponer en algunos casos para el peticionario. Subiendo los escalones de la Administración pública, todas las compras importantes quedan afectadas en su resolución por los ofrecimientos de los proveedores y así hasta las decisiones más importantes que un gobierno pueda tomar.
Se suele decir y no con mucha razón, que el ámbito privado escapa a estas prácticas porque los propietarios y directores de las empresas velan por sus intereses y no permiten situaciones que menoscaben sus beneficios; no es así, porque para empezar, cuando un país está muy corrupto funciona de manera exagerada e impune, una práctica que viene desde el principio de los tiempos y que no es otra que el amiguismo. Se inicia en la selección de personal, contratando a miembros de la misma familia o hijos de amigos. Es muy usual que el ciudadano vea sorprendido cómo en el cuadro directivo de una empresa figuran 6 ó 7 personajes con el mismo apellido y no perteneciendo a la propiedad. De la misma manera, en este mundo moderno donde uno de sus mayores logros teóricos ha sido acabar con los Monopolios (agua, luz, telefonía, distribución) nace la figura del Oligopolio, que como usted sabe, consiste en que dos o tres empresas con la aquiescencia del gobierno de turno, se reparten el mercado, fijan ilegalmente las tarifas y tenemos suerte si detrás de los nombres comerciales y las compañías mercantiles correspondientes, no está un único dueño.
Aunque de manera bastante interesada, Hollywood nos ha brindado varias buenas películas referidas a la bolsa de Nueva York, sus brokers, su forma de vida y los incontables actos ilegales que cada día se cometen en beneficio en las grandes corporaciones y bancos de inversión o simplemente de algunos listos, pero siempre, siempre, perjudicando los intereses del pequeño ahorrador o del ingenuo inversor. Esto también es corrupción y llevada al extremo, como con la compra y recompra de las hipotecas basura norteamericanas, beatíficamente llamadas “activos tóxicos”, ha llevado al mundo a una de sus mayores crisis, donde curiosamente los que dicen que van a arreglarla, implementando nuevas medidas correctoras, son los mismos que en unos casos fueron grandes beneficiarios y en otros, como mínimo, miraron para otro lado. De vez en cuando y con las cosas previamente pactadas, sale en la televisión un famoso financiero, esposado y al que el fiscal le pide 3.000 años de cárcel, intentando que sea una imagen ejemplarizante. La realidad es que nunca se devuelve el dinero robado, en el mejor de los casos, los ahorradores recuperan una parte gracias a los impuestos de todos nosotros y al cabo de muy pocos años, por la noticia olvidada en una de las últimas páginas de un periódico, nos enteramos que por motivos de salud ha sido puesto en libertad y vive en las Bahamas. En España, Mario Conde, que en 6 años arruinó y vació el centenario y mayor banco, llamado Banesto, después de una temporada en la cárcel, da clases de ética y rectitud profesional en programas de televisión. Debe de ser que se ha convertido al hinduismo.
