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La corrupción (y II)


Querido Director,

Conociendo su ascendencia italiana, le interesará saber que la Mafia nace y se desarrolla en Sicilia coincidiendo con la dominación española. Sólo le quiero apuntar que durante tres siglos se podía elegir entre pagar a la Mafia o al Estado. Generalmente el ciudadano elegía a la Mafia, no tanto por ser más barata sino que veía desesperado cómo sus impuestos se despilfarraban por los poderes públicos, que es también otra forma de corrupción.

España tuvo y detentó el mayor imperio nunca conocido, que no acabó como se piensa en 1.898 con la pérdida de Cuba, Puerto Rico y las Islas Filipinas, sino en mayo de 1.899 cuando nuestra bandera se arrió en las Islas Carolinas y Marianas para dar paso al pabellón norteamericano. Ese enorme imperio en el que durante más de 150 años no se ponía el sol, trajo como consecuencia la creación de numerosos cargos públicos, administrativos y militares (también eclesiásticos), que terminaron por ser comprados y vendidos en el inicio de una nueva corrupción, no conocida en la Península, que fue importante durante el reinado de los Austrias, y agravada como siempre ha pasado cuando reina en algún país, la dinastía Borbón. Tenemos que reconocer que España y los españoles somos parcialmente responsables de la corrupción que en mayor o menor medida afecta a las naciones por debajo de Río Grande. El comportamiento de los gobiernos españoles desde 1.975, exceptuando los 8 años de Aznar, no han contribuido, sino todo lo contrario, a erradicar esos comportamientos. Así, decenas de miles de millones de dólares dedicados a la cooperación con Iberoamérica y destinados a los campos educativo, cultural, de formación o salud e infraestructuras, se han perdido en el camino y han terminado en los bolsillos de amigos de los propios políticos españoles que firmaban el libramiento de fondos. Y así los contribuyentes españoles son estafados y robados.

Desde Grecia y Roma y pasando por los autores clásicos españoles del Siglo de Oro (Cervantes, Lope, Quevedo…) se nos viene repitiendo que la única manera de que la corrupción no se extienda, es el ejemplo que tienen que dar los gobernantes, empezando siempre por la más alta magistratura del Estado. Sabe Usted que el régimen de Franco (1.939-1.975) fue muy criticado en muchas de sus actuaciones y fundamentalmente, por no reconocer la democracia como método de gobierno. Entre sus también muchos éxitos figuró el descenso de la corrupción hasta límites no conocidos en España durante varios siglos. Al propio Franco, al que se le ha llamado de todo, nunca, ni sus más acérrimos enemigos o partidistas historiadores, le acusaron de haber robado ni una sola peseta del Erario Público o de haberse beneficiado de negocios del Estado o privados. Con esa fuerza moral pudo atajar miles de intentos y casos de corrupción que se dieron a lo largo de su mandato.

La llegada en 1.975 a la Jefatura del Estado de D. Juan Carlos de Borbón coincide con un cambio radical en el comportamiento de muchos españoles hacia la corrupción. Las revistas Forbes y Fortune han incluido durante años a D. Juan Carlos entre las 100 personas más ricas del mundo, con una fortuna que ronda los 3.000 millones de dólares. El pasado 12 de Octubre se celebró en España el Día de la Hispanidad, que incluyó un desfile militar en el Paseo de la Castellana en Madrid. Como años anteriores, pero esta vez más, Zapatero fue increpado e insultado por el público a la vez que se pedía su dimisión. La novedad es que por primera vez en un acto público, una parte de esos abucheos, incluyendo “¡Viva la República!”, fueron dirigidos al Rey y a la Familia Real. Los pueblos tienen una paciencia limitada y el problema no se soluciona, como se pretende, prohibiendo la asistencia de público a los actos oficiales, sino gobernando recta y honestamente.