La crisis en el PRD
Experiencias políticas de otras latitudes, verbigracia República Dominicana y México, dan cuenta de que la situación que hoy enfrenta el partido fundado por el fallecido Omar Torrijos no debe causar sorpresa. La derrota electoral pasada del candidato Juan Carlos Navarro fue un elemento catalizador de lo que desde años ya depuntaba como una crisis dentro del PRD.
Es un error endilgar el sobrevenido desastre, en algún otro personaje o dirigente. Los cambios de calidad, sea para mejorar o para un retroceso, son el resultado de sucesivos cambios cuantitativos: errores, pérdida de norte e influencia producto de un entorno o realidad a cual no se opuso resistencia, salvo raras excepciones donde se mediatizó el impacto de las privatizaciones, reservándose el Estado un paquete accionario, que hoy le genera ingresos.
Variables o elementos causales de la crisis perrediana: la influencia neoliberal sobre la gran mayoría de las corrientes socialdemócratas en el mundo, el debilitamiento de sus tendencias izquierdistas, estas últimas virtualmente desaparecieron o se diluyeron en una visión de un pragmatismo justificado con el argumento eufemísticamente denominado el realismo político.
Los denominados frentes de masas dejaron de ser prioridad estratégica dentro del PRD, el pensamiento de Omar no se tradujo en una labor institucional. Nadie le paraba bola al Dr. Colamarco en su apelación sistemática de trabajar en la escuela de formación de cuadros y relevo generacional.
El discurso y la acción torrijista se diluyeron a tal extremo, que las corrientes pragmáticas electoreras fueron llenando esos espacios con el discurso de la sobrevivencia. Hubo coyunturas que marcaron la democracia interna entre ellas cuando por un golpe de conspiración se tumbó la primera vez la candidatura de Juan Carlos Navarro. Este affaire marcó el estilo posterior del activista, quien no entendió que su candidatura era para sumar y hacer valer el llamado método torrijista.
La derrota electoral terminó dándole la razón a Doens, viejo zorro de la política, quien alertaba de muchas incongruencias del candidato. Juan Carlos cometió el error de pensar o sentirse presidente. Muchos activistas se sintieron relegados o excluidos. Además la disputa del candidato y el presidente del PRD no cesaron y lo que prevaleció fue una ficticia tregua.
Craso error, insisto, que la crisis de la organización se deba a la derrota electoral. Tienen que encontrar los espacios para un entendimiento que le dé oxígeno al partido y para una transición que recomponga toda su estructura. Ahora de nada sirven los enconos y diatriabas personales.