La crucifixión política
En el año 2000, las Naciones Unidas declararon el 31 de agosto como el Día Internacional de la Solidaridad, reconociendo que este valor no solo es un requisito de carácter moral, sino también un antecedente para la eficacia de los países y los pueblos", revistiendo una garantía para la paz mundial, y es aquí cuando el sentido de la solidaridad se vuelve referencia.
Así los hechos, pienso en aquellos políticos que han abandonado el cargo precipitadamente, en la efervescencia de un problema social, demostrando a las claras recurrentemente su incapacidad, anulados por la cobardía. Estos panameños han desertado en busca de otros derroteros, deponiendo su compromiso con el pueblo. Nadie les cercena el derecho a continuar ejecutando sus obligaciones particulares, pero creo yo que el buen político no puede decir "adiós, gracias por todo" y dimitir como que aquí no ha pasado nada; sobre todo debe prevalecer el compromiso histórico y moral conquistado como buen político y eso se llama solidaridad.
Ahora bien, cada vez que renuncia un titular en pleno ejercicio de sus funciones, merma la confianza, se aplazan los objetivos, pero sobre todo se va un pedazo de patria. No obstante, en tiempos difíciles, se sabe de qué están hechos los hombres, reconocemos que el país no está en sus mejores momentos económicos, sociales y políticos, demanda del concurso de titulares comprometidos, solidarios y cuyo principal norte debe ser el progreso del país.
Renunciar a un cargo por simple capricho o bien por hipotéticos argumentos es un acto de cobardía, es aceptar su incapacidad para gobernar el país y sería reconocer el fracaso político.
Por último, el ejercicio de la política no es una actividad obligatoria, del mismo modo que tampoco lo es ostentar un cargo público. Por ello, cuando las circunstancias sean las que sean y aunque se oponga el mundo entero, lo primero son las convicciones, los valores y el compromiso con esos electores y con el país. Es obvio que, dadas las circunstancias, en muchos casos resulta difícil ejercer honradamente las actividades para las que fueron nombrados, pero es bajo esa presión que no se debe vacilar y echarle ganas y voluntad a sus máximas representaciones.
No queda sino hacer un llamado de reflexión, ante esa actitud de renuncias, a los que ostentan el poder. Cuando se produce una crisis de cualquier tipo, los titulares deben actuar con calma, serenidad y sin precipitación; de lo contrario, dimitir es un acto de soberbia y arrogancia y la consecuencia será la crucifixión política.
Comunicadora social