La cruda realidad
Una niña de diez años debería estar pensando en la escuela, jugando con muñecas y disfrutando su infancia. En pocas ocasiones se puede imaginar una niña de esta edad embarazada. Aunque el tema genera controversia y disgusto entre algunos padres de familia, es una realidad que golpea con fuerza a muchas familias, sin importar clases sociales.
Las estadísticas duras y puras no se prestan para esconder o ignorar esta situación que trastoca a la sociedad. Por lo menos cuatro mil menores edad quedaron embarazadas entre 2004 y 2009 en todo el país, aunque la cifra podría ser superior, según muchas personas vinculadas al sector de la educación. Irónicamente, en los dos últimos años las estadísticas son un misterio, y las autoridades de educación prefieren no hablar del tema. La verdad es que no se trata de un juzgamiento social, por lo contrario, en este problema convergen una serie de situaciones vinculadas a la educación sexual y la formación familiar.Una niña o adolescente embarazada se convierte en un caso especial para la familia, para las autoridades educativas y para la misma población de estudiantes que conviven a diario con esa estudiante.La legislación vigente compromete al Gobierno, a través del Ministerio de Educación, a cumplir con ciertos parámetros que permiten a esa menor de edad recibir una educación formal. Es preocupante cuando se intenta evadir esta responsabilidad y no se le presta la debida atención en los centros educativos. La tasa de menores embarazadas debe ser sometida a un análisis profundo en el que participen los padres de familia, los docentes y las autoridades. Es necesario iniciar la evaluación admitiendo que los menores edad están bombardeados de información sexual por todos lados, y que al no tener una formación en el hogar que le permita tomar decisiones correctas se expone a embarazos a temprana edad o enfermedades venéreas. La población sexualmente activa es cada vez más joven, y los embarazos solo son el reflejo de lo que ocurre en la sociedad. Ahora bien, cuando estas niñas o adolescentes quedan embarazadas por mantener relaciones sin ninguna clase de protección, enfrentan una responsabilidad como adultas. Con la probabilidad de que el padre de esa criatura también sea menor, su desafío es mayor.Es un asunto complicado porque las estudiantes que han quedado embarazadas han tenido que compartir salones de clases con compañeros que no tienen la madurez suficiente para entender lo que representa tener un hijo.La propuesta de una diputada de presionar, a través de un proyecto de ley, a las autoridades educativas para que cumplan con la ley es contradictorio, pero no existen excusas para que los planteles en el país, sin importar si son particulares o públicos, estén acondicionados para manejar esta clase de casos. No se trata tan solo de mantener en los planteles a las menores embarazadas, sino de ofrecer las condiciones que necesita para poder terminar sus estudios, además de educar a sus compañeros. Es un tema muy delicado y complejo, pero que no se puede evadir.