La cuestión educativa nacional
Como se decía el Hidalgo, en su obra cumbre de la literatura, El Quijote de La Mancha, ¡cosas vereis Sancho!.
En efecto todavía tengo fresca la memoria cuando la clase empresarial panameña se alistó con los educadores para tumbar la reforma educativa impulsada por Omar Torrijos.
Hoy la historia se escribe de otra manera, hay que exorcizar a los educadores porque son los anticristos, la parte macabra de una sistema educativo, según ellos ya no responde al desarrollo del mundo globalizado. Necesitamos robots y máquinas productivas o dicho de otra manera, deshumanización del hombre panameño. No todo puede ser en función de la ganancia y la plusvalía.
Soy partidario, mas que homo maquinae, se requiere conocimiento metodología para aprender a pensar y repensar, Lo demás viene por añadiría. El pragmatismo utilitarista, enseña a pensar en el yo y no en el vosotros o nosotros.
Hacen mal los empresarios en pretender secuestrar la verdad en materia educativa; este es un tema de todos los panameños. La educación, cierto como una parte esencial del desarrollo, pero también como pedagogía del sentido de pertenencia o identidad nacional, su historia , de donde venimos y hacia donde vamos;: la cultura, costumbres, traumas vividos, folklore, también debe ser parte de una reforma signada por una cultura antropocéntrica y no descarriadamente economicista. Falta en el planteamiento empresarial, el condimento democrático de un hacer modernizante; está ausente.
No se trata de aporrear a los educadores, sino de tomarle la palabra. Ellos no han dicho que se oponen a la Reforma Curricular, sino que aspiran a que se les tome en cuenta, someterla a evaluación, porque consideran que tiene aspectos que se pueden mejorar.
Llamo la atención para señalar que el pueblo panameño, no conoce esta reforma curricular y así lo dicho, incluso actores importantes como los estudiantes,.
El debate serio y científico ha sido sustituido por el discurso de la descalificación de ambos lados; hay que ponerle un alto a estas sin razones y volver por los caminos del la tolerancia y el diálogo.
En lo particular, el señor presidente, como lo es de todos los panameños, debe llamar a la cordura y facilitar el diálogo.
Hay que evitar políticas , métodos y procedimientos, que generan mayores resentimientos, odios; eso no es bueno para el país.
Necesitamos mediadores, pero no parcializados con enfoques mezquinos egoístas y de aversión a nuestro educadores.