La cuestión indígena y el proceso de conformar la nación panameña
La cuestión indígena va más allá de un debate sobre ecología y conservación. Se trata de una deficiencia histórica en la conformación de la nación panameña, que nace de la alianza entre el campesinado blanco criollo, el criollo urbano y el arrabal, negro y mestizo. Ni en la independencia de España ni en 1903 entran en la historia de nuestra construcción nacional los pueblos prehispánicos. Quedan como panameños por mandato legal, no por consecuencia histórica. El dilema panameño se asemeja al de los Estados Unidos. Las reservas (comarcas) fueron una salida norteamericana; en la mayoría de los países de Latinoamérica no existen. La historia de México, diametralmente opuesta a la panameña, nos puede ayudar a entender el problema.
El Imperio azteca organizó un verdadero Estado, sustentado en el poder militar y en el dominio ideológico de sus vasallos, la dominación tenía una sustentación política y religiosa. A la llegada de los españoles Moctezuma es víctima de la propia cosmología azteca; al recibir a Cortez lo identifica con el terrible Quetzalcóatl y le da el tratamiento de “Mi Señor”. Quetzalcóatl, piensa Moctezuma, viene a tomar venganza. La derrota de los aztecas antes que militar fue ideológica. Los pueblos vasallos apoyan a los españoles para liberarse de la sangrienta dominación azteca, con sus cuerpos alimentaban los interminables sacrificios humanos de la casta militar y sacerdotal del imperio. Luego descubren que solo han cambiado de imperio: Cortez es el nuevo Tlatoani.
Abandonados por sus dioses los diversos pueblos de México–Tenochitlán acogen a la madre salvadora: la Virgen de Guadalupe. La virgen de los conquistadores. Sobre las ruinas de México-Tenochitlán, se levanta la nación mexicana; española, india, mestiza. La independencia es liderada por un indígena, Benito Juárez; la Revolución Mexicana perfeccionará la tarea constitucional. Por la raza hablará el espíritu, indígenas y españoles son México.
Los indígenas asentados en el Istmo (Panamá no es el Istmo, Panamá es un resultado histórico) conformaban grupos humanos menos complejos, en un estadio de desarrollo muy anterior y cosmologías propias de su estado de desarrollo. Combaten a los españoles con valentía, y son derrotados, pero su derrota no significó la sumisión sino un repliegue histórico sin objetivos.
En esto me refiero más a los ngäbes y buglés, pues tanto gunas como emberás son de migraciones más tardías procedentes de Colombia, es decir, no hay evidencias antropológicas ni etnográficas que comprueben que dichos grupos desciendan de los cuevas que enfrentaron la conquista española. Pero finalmente todos quedaron dentro del territorio donde se asentó la nación panameña, sin ser parte de ella. La causa es una consecuencia histórica no una responsabilidad ni una falta. Todo proceso de construcción nacional, entre diferentes etnias, culturas, lenguas y religiones tiende a ser abigarrado, contradictorio y traumático. Ni las explicaciones ni las soluciones son simples, ni se trata de culpas históricas.
Ahora debemos encontrar el equilibrio en proceso, pero, sobre todo, los pueblos prehispánicos deben tomar las riendas de su destino y definir su devenir histórico. ¿Qué queremos ser en esta tierra que hoy se llama Panamá?
El Estado debe establecer en asocio con los pueblos prehispánicos la hoja de ruta hacia su plena autonomía, a través de un plan integral, pero ellos deberán decidir la forma de su relación con la modernidad entendiendo que no puede haber autonomía con tutela permanente. Sobre todo, deben contar con su propia inteligencia y alejar a los portadores de las utopías europeas que, luego de superar el atraso en sus países, quieren convencerlos de que su estado de desarrollo es el paraíso perdido. Claro que no se quedan a vivir.
Colaborador.
