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La culpa es de los abogados


Siempre que se habla de la mora judicial, máxime en los casos sonados y sin que ello implique desestimar la afirmación de que la mora judicial se concentra en miles de casos que tienen como sujetos actores a los “hijos de la cocinera”, y en los que la justicia se presenta como demorada o tardía, he podido advertir la facilidad con que se esgrime el falso argumento de que “la culpa es de los abogados” que presentan recursos e incidencias para dilatar los casos.

Este es un argumento falso. La falsación del mismo salta a la vista y es desenmascarada, sin mucho esfuerzo de lógica, por la razón. Sencillo: Si un Juez o Magistrado conoce de un recurso o incidente que le presenta el abogado, tiene el insoslayable deber jurídico de resolverlo dentro de los términos que le prevé la legislación, ya sea para decidir favorablemente a la pretensión o solicitud del recurrente; bien para denegarla o bien para declarar que es improcedente. Recordemos que los términos judiciales vienen dados por la propia norma jurídica. El abogado no inventa nada en el proceso, mal puede entonces inventarse fórmulas para dilatar los procesos. Lo que entiendo, tal vez, se quiera decir es que los abogados presentan, en no pocas ocasiones, recursos e incidencias con el “sólo propósito de dilatar”.

Desde esta afirmación, pareciera excluirse del problema de la mora judicial a los jueces quienes son los que tienen que resolver dichos mecanismos procesales de defensas y excepciones. Sin embargo, no es así. Veamos: el Juez o Magistrado que conozca de un recurso o incidente manifiestamente improcedente, así habrá de declararlo. Lo que no ha sido dicho, pienso, es que no pocos jueces y demás operadores del sistema, engavetan, archivan, congelan, dichas incidencias y recursos y los relegan al olvido como “si nunca se hubieren presentado”. Y pasan los días, las semanas, meses, años y la justicia se torna un tanto kafkiana recordando con ello la obra El Proceso de Franz Kafka en la que el proceso o el juicio se convierten en una especie de camino sin fin, interminable.

En conclusión: Pienso que son los jueces, los magistrados, los que siempre tienen que resolver, decidir. Ello conlleva a que confrontemos dos conceptos claves: eficiencia y eficacia del sistema judicial. La eficiencia no traduce, de ninguna manera, en el sistema de justicia una carrera de velocidad. Lo que se quiere es que el sistema judicial responda de modo oportuno, mediante sus decisiones, en los casos que se someten a su escrutinio. En otro orden de ideas, la eficacia del sistema, conlleva a una lectura de su efectividad como medio o método de control social.

Abogado.