default

La culpa es huerfanita


Pasado por los aciagos momentos del juicio por la paliza de la Cárcel Modelo, me siento a reflexionar, para ustedes rompo mis votos de silencio. Me acuerdo que, semanas antes que se diera dicho bochornoso incidente, presenté una ponencia ante un foro reunido en el Colegio Nacional de Abogados, en relación al tema del Sistema Penitenciario y su colapso. Fui un autorizado interlocutor o nuncio en representación del ministro de Gobierno y Justicia. Se ha hablado hasta la saciedad de esta problemática, y las conclusiones siempre son las mismas, en los cientos de foros, seminarios y congresos, que solo se diferencian en las viandas y bocadillos que se degustan al final de la jornada. Advertí que aquello era una cuestión explosiva y no había tiempo para más remiendos ni paliativos institucionales, a pesar de que esto no estaba en el libreto y corriéndome el riesgo de ser desautorizado por mi superior jerárquico. No podía mentir ante lo evidente. Conclusiones que abanderaron hasta los menos conocedores de la materia. Me atrevo a decir que no hay ni siquiera recopilación de las memorias de dichas plenarias. Estamos enfermos, en esta sociedad, de los Síndromes de “Estudios”, “Primera piedra” “Proyecto” “Plan piloto” “Comisiones de expertos”, etc., que sólo sirven para matizar los problemas y postergar sus efectos, que acechan latentes, aunado al gasto que hace el Estado en su implementación. No me iba imaginar que mis premoniciones, serían ciertas, y que fuera yo uno de los actores principales de dicha crónica de una tragedia anunciada, parafraseando a Garcíaa Márquez.

La Dirección Nacional de Corrección, como se llamaba en otrora, y estaba ubicada en el sótano del ministerio de Gobierno y Justicia, para que se observe la importancia que siempre se le ha dado, ahora Dirección General del Sistema Penitenciario, solo nombre, nunca ha tenido un rol predominante en el tema de la custodia y resocialización del interno, al punto que no es capaz de dictar un llamado de atención a los policías que custodian sus instalaciones cuando cometen excesos contra los internos y mucho menos presentan denuncias, cuando los familiares acuden ante su despacho con inquietudes en ese sentido. Estos, una vez dados los hechos, se escudan bajo el manto que solo prestan colaboración en los alrededores de los penales, cuando es secreto a voces, que están al mando en todas las decisiones que se generen en los Centros Penitenciarios. Aunado a ello, esta Dirección es cómplice silenciosa de todo el desastre penitenciario, por la precariedad de los recursos asignados para desarrollar sus tareas y la falta de optimización. Ningún ente se ha focalizado con seriedad en el Sistema Penitenciario porque este tiene que ver con los individuos indeseables de la sociedad, los descarriados, marginales, la lacra, en fin los hijos de la cocinera; por eso existió la isla Penal de Coiba, solo desalojada por su potencial turístico y ecológico y no por la suerte que se corría, a kilómetros de tierra firme. Sigo reflexionando y hasta me he preguntado ¿Tenía tanto poder como director? Nuestro rol está destinado a firmar documentos administrativos, ingresos y egresos de internos, compras menores y otras decisiones cosméticas . Pero cuando suceden estos hechos, bajo el prisma de los medios de comunicación o la luz pública. Siempre, al más pensador le preguntan: ¿ Quién es Dios?

Este es un país surrealista. Titulé este escrito por las consecuencias que se derivaron de estos hechos, hartos conocidos, por la comunidad. En realidad antes de estar señalando a directores de los centros penitenciarios como responsables de actuaciones de personas o individuos, que a todas luces, no están bajo su égida de mandato. A manera de anécdota les comento que una vez los magistrados y defensores de oficio estaban realizando una visita de recintos penitenciarios (cárceles) y los policías que custodiaban les negaron su ingreso, puedo dar fe de ello. Su actitud demuestra que no le guardan obediencia a autoridad alguna que no se encuadre es su mundo castrense. Ellos mismos, los que me condenaron, habían vivido en carne propia una experiencia de desacato y no se atrevieron utilizar la “Sana Crítica” en la valoración de su pensum probatorio.

Es necesario buscar políticas integrales y coherentes para que no siga el sistema penitenciario padeciendo esta crisis permanente, coronada por los hechos del Centro de Cumplimiento de Menores, el pasado nueve de enero, situación la cual no quiero prejuzgar. Pero, sin más consideraciones, se observa el exceso del uso de la fuerza en contra de estas personas, no importa que delitos hayan cometido. No midieron las consecuencias de sus hechos. Se les fue la mano en pollo, como se diría en el argot popular y en estricto lenguaje jurídico se cometió un delito de homicidio, que no debe ser escrutado con ligereza, toda vez que considero que lo sucedido en la Cárcel Modelo fue solo un ensayo del uso de medidas disuasivas a las conductas que observan los internos, que suelen llamarse “Correctivos”, en la jerga policial. Ahora después de lo acontecido nadie quiere cargar con la culpa, parece ser una huerfanita, no tiene padrastros ni padrinos.