La cultura de la queja
Pueden levantarse con un sol radiante y de paso quejarse toda la mañana del calor, y al día siguiente despertarse con una aguacero y protestar toda la mañana por la humedad.
Incluso, cuando llegan a sus trabajos son los que lideran las “juntas de lamentaciones”, y pueden dedicarse por horas a debatir sobre todo lo que no les gusta.
Mientras esas personas viven de pena en pena, otros trabajan con disciplina y buscan en cada esfuerzo la superación personal.
Aplica muy bien ese dicho que reza “deje de preocuparse y ocúpese”, es más saludable y eficiente.
En Panamá existen personajes que gozan de esa reputación y viven de las “quejas”, incluso, los propios ciudadanos ya los etiquetan.
Exigir que se respeten los derechos ciudadanos y presionar para que los gobiernos cumplan con su compromiso de gobernar no está mal. Abusar de ello crea un clima de inestabilidad que solo afecta a la nación.
En países desarrollados que han enfrentado serias crisis políticas y económicas, los bandos en conflicto han tenido que encontrar un punto de equilibrio.
Aunque existen problemas políticos (rupturas de alianzas y cambios de toldas), es una realidad que la mayoría de los ciudadanos salen todos los días de sus casas a trabajar y a buscar el sustento.
Haga la prueba y hable con las personas a su alrededor. De seguro un alto porcentaje está pensando en cubrir su gastos de casa, educación de sus hijos, compra de alimentos y los problemas del transporte y la inseguridad.
Es muy diferente escuchar el clamor de una población por agua potable, a la queja de un político que busca protagonismo.
Habrá quienes se sienten a protestar y otros que se dediquen a producir. ¿A quiénes piensa que les irá mejor?
