La Defensoría en manos equivocadas
De alguna manera, quienes la escogieron pensaron que una víctima de violación de DDHH sería lo más cercano a un resarcimiento moral para las familias afectadas por los crímenes de la dictadura. Cuando el 1 de abril de 2011, Patria Portugal toma posesión del cargo, en la Asamblea Nacional, dice en su pobrísimo discurso: “Entraré a poner orden en la casa, no pelecharán más allí, ningún funcionario se esconderá para (no) atender a los ciudadanos…”. Eran palabras de venganza. Mientras, los funcionarios de la Defensoría del Pueblo, que formaban parte del que debería ser su equipo de colaboradores, escuchaban “sorprendidos y extrañados” las palabras de la nueva jefa. Durante el mes de marzo, periodo de “transición”, los departamentos habían hecho presentaciones detalladas para la futura defensora y su nuevo equipo de trabajo. Portugal nunca asistió a una de esas presentaciones.
Muchos de esos colaboradores, escogidos minuciosamente por el Dr. Ítalo Antinori, primer defensor del pueblo, un hombre muy bien preparado académicamente, exigente, que diseñó junto al personal, el funcionamiento de la entidad. Otros, escogidos cuidadosamente por el Dr. Juan Antonio Tejada, segundo defensor, destacado profesional de nuestro país, quien durante su gestión instala oficinas regionales en diferentes provincias, para manejar la mitad del presupuesto actual de la entidad; Liborio García, la Lcda. Mónica Pérez (adjunta de García y que desempeñó el cargo por un año), y el Lcdo. Ricardo Vargas, quien conocedor de toda la labor de sus antecesores, continuó el fortalecimiento de la misma. Ninguno (a excepción de Liborio) destituyó al personal contratado anteriormente, al contrario, se nutrieron de los conocimientos y experiencias de esos dedicados jóvenes profesionales. Y es que cuando tú visitabas la Defensoría, recibías una muy buena impresión: la oficina, la atención, la gente le dedicaba atención del caso… y algunas veces, solo buscabas una orientación, una consulta legal, alguien que te escuchara; otras, la entidad estaba impedida para atender tus reclamaciones, pero siempre te orientaban y hacían diligencias para apoyarte.
Ese día, cuando la ciudadana defensora del pueblo entra a las oficinas, en las que muchas veces fue atendida, cuyos funcionarios y automóviles la acompañaron y llevaron a realizar las diligencias ante oficinas públicas, relacionadas con el caso de su padre, cuyas líneas telefónicas se utilizaron para comunicarse con las entidades de apoyo a los peticionarios ante la CIDH en Costa Rica, a su paso miró despectivamente a todos, le gritó al personal de seguridad, incluso frente a ciudadanos que buscaban orientación en ese momento. Destituyó inmediatamente a varias personas, y manifestó ante los medios: “Estos no llenaban las expectativas laborales de la institución”. ¿Quién era ella para hacer observaciones acerca de la preparación académica del personal de la Defensoría? Continuó destituyendo al personal, profesionales, especialistas en diferentes áreas y, por supuesto, en Derechos Humanos. El Estado había invertido a través de los años, para capacitarlos a menudo, a través de convenios con universidades nacionales y extranjeras, entidades públicas, Ministerio Público, Órgano Judicial y entidades especialistas en DDHH. Y es que para atender la materia, tienes que “formarte, sentirlo, solidarizarte, sensibilizarte”, y esas eran las características principales de esos panameños que brindaron durante muchos años sus servicios.
En los meses siguientes, destituye a más de 25 personas y logra con su actitud, caracterizada por gritos y groserías, que otros tantos funcionarios renunciaran.
¿Necesitaba la Defensoría una capacitación para atención al público con un costo de 200,000 dólares? Ya a través de los años, todos los titulares de la entidad habían formado poco a poco, en muchas materias, al personal, conformado por abogados, psicólogos y trabajadoras sociales. Profesiones que no necesitan capacitación en atención al público.
¿Qué motivó que Portugal desechara a un personal tan valioso, a pesar de las solicitudes que en su momento hicieron diversas organizaciones a favor de los funcionarios que atendían diferentes temáticas? Fueron los complejos. Desaprovechó el potencial del personal heredado y dejó pasar la oportunidad de aprender de ellos.
En los últimos dos años, Portugal contrató personal que en algunas ocasiones no estuvo más de una semana en las oficinas, renunciaba; la jefa de compras renunció; la caja menuda aumentó considerablemente; se compró un carro lujoso, dilapidando los recursos asignados a una entidad encargada de educar, promover y proteger los derechos humanos de los panameños.
Sería interesante saber si Portugal se comunicó con todas las otras víctimas de los crímenes de la dictadura, hijos, esposas, madres, padres y hermanos, para ayudarles, tal y como ella reclamaba que la Defensoría debió ayudarle.
¿Era ella la única víctima de la dictadura, que hubiera podido ocupar ese cargo? ¿Era realmente una luchadora por los DDHH, o simplemente reclamó por el caso personal de su familia? ¿Cuántos panameños, sin ser familia de uno de los desaparecidos, salieron a las calles, a los medios, a buscar ayuda internacional, exponiendo su vida y la de su familia para luchar por un mejor Panamá para todos?
Finalmente, defraudó a los diputados que la escogieron, al presidente de la República, a las mujeres y al pueblo a quienes se debía.