La demanda energética, los pronósticos y política del miedo
Quienes por cualquiera de los medios de comunicación le dimos seguimiento a la reciente discusión sobre las hidroeléctricas presenciamos, con no poco asombro, un extraño y bizarro espectáculo. En el mismo, un grupo de burócratas, arropados en una supuesta aureola de neutralidad científica, amenazaban abiertamente a la población con una especie de catástrofe universal si no se aceptaba a pie juntillas la posición del gobierno de turno en relación al tema en discusión. La política del miedo se estaba utilizando como instrumento político. El drama de todo esto es que la calidad de algunos de los documentos de base para las proyecciones carecen, a nuestro juicio, del suficiente valor científico.
Como economista con formación y práctica en la econometría, me di a la tarea de analizar los documentos relacionados con la proyección de la demanda energética, encontrando serias dificultades en los mismos. Para comenzar, se utilizó una proyección lineal, la más sencilla de todas, pero también la que, generalmente más se aleja de las realidades complejas del mundo real.
En un plano más técnico, violando el criterio de las ciencias sociales, donde se usa un nivel de significación del 5%, esto es 2.5% de error por cada cola, los proyectistas gubernamentales elevaron este nivel hasta el 10%, con lo que el error admisible por cola se incrementó hasta el 5.0%.
Lo importante aquí es que de, haberse utilizado el nivel de significación que normalmente se admite en las ciencias sociales, se habría descubierto que, científicamente hablando, algunas de las variables aceptadas en las ecuaciones como válidas deberían haber sido excluidas. En el campo de las pruebas para asegurar la calidad de los pronósticos también se observaron importantes errores y omisiones.
Entre los errores se destaca el hecho de que habiendo variables rezagadas entre las variables explicativas, como sabe cualquier estudiante del curso básico de econometría, no se debió utilizar la prueba de Durbin – Watson, sino la llamada Durbin–h, lo que introduce reservas en relación a la validez de los pronósticos presentados.
Así mismo, se omitieron pruebas importantes como son las que tienen que ver con el fenómeno de la heterocedasticidad y de consistencia de los parámetros. Lo peor del caso es, sin embargo, que no se hizo una adecuada relación entre el estilo de desarrollo económico propuesto y el pronóstico de la demanda por electricidad. Esto es importante, ya que, por ejemplo, un desarrollo centrado en la minería a cielo abierto, como lo propone el gobierno de turno, es mucho más intensivo en el uso de electricidad que cualquier otro modelo más centrado en la sostenibilidad ambiental.
En todo caso, los técnicos gubernamentales cometieron un error al no recocer con Ghandi que el amor a la verdad nos debe hacer cautelosos. La utilización de la política del miedo, si bien puede parecer útil a quien persigue fines inmediatos, lo cierto es que a largo plazo solo da origen a una desconfianza social generalizada que para nada ayuda a un desarrollo democrático con justicia social y sostenibilidad ambiental.
Economista.
