La democracia socavada por la ley 30
La ley 30 de 16 de junio de 2010 ha causado conmoción en el país ya que tan decisivo ha sido el Presidente en concebirla y apoyarla, a pesar de los muertos y heridos que ha provocado la misma, que más pareciera la obra de un dictador que de un presidente civil democráticamente electo con facultad para vetar leyes. Ante la férrea oposición presentada se ha suspendido la entrada en vigencia de esta ley, pero lo que todos piden es su derogación total, pues estos recortes dejan aún trazas graves para la permanencia de la democracia en Panamá. Leyes nuevas que aborden independientemente, previa consulta y sin premura, cada uno de los tópicos que el Ejecutivo desea que se legisle es el procedimiento idóneo que debe adoptarse.
Es necesario que los panameños y panameñas se compenetren de los aspectos negativos que caracterizan estos actos y encuentren detrás de ellos la verdadera razón que los motivan.
El más evidente de éstos aspectos atañe a lo laboral, pues intencionalmente debilita el movimiento sindical y pretende marcar su fin como fuerza de la sociedad civil que representa a los trabajadores, buscando que existan únicamente sindicatos sumisos y empresas sin sindicato.
Ortega y Gasset incluye en su definición del Hombre, su circunstancia; y la primera circunstancia del hombre es la Tierra, la Naturaleza. La experiencia histórica demuestra que el hombre si vive en puro concreto, cemento, piedra y arena, no da de sí, sino que se encierra en sí mismo consumiéndose en su proceso de producción. Es por esto que en Alemania se insiste en el sistema de mercado social y ecológico, pues se ha llegado al entendimiento que sólo cuidando del planeta, de la Naturaleza y del ambiente es que puede llegarse a una economía no destructiva y sostenida a largo plazo. El pensamiento anti-humanista es el que priva al Hombre de esta circunstancia y por tanto es un pecado contra la humanidad, y de la peor forma lo vemos hoy plasmado en esta ley funesta que elimina los controles necesarios para que el deseado y anhelado progreso se dé de una forma racional y no devastadora como ha sido durante los dos siglos pasados.
La clave de desmilitarización de la seguridad pública es la profesionalización auténtica del cuerpo de policía y el quid de ésta es la conciencia de identidad del policía como servidor del orden público democrático. Promover la impunidad de los miembros de la Fuerza Pública atenta contra esta profesionalización y conciencia de identidad, representando un retroceso en el tiempo y en valores cívicos democráticos. Con esta situación se corre el riesgo de volver a crear una clase militarizada que con privilegios contrarios a la Constitución esté por encima de la ciudadanía.
La democracia no se regatea, se prueba y perfecciona día a día afirmándola o promoviéndola con tolerancia, diálogo y cooperación. El estilo del actual gobernante no es espontáneamente democrático, sino calculadamente autocrático. Veamos. Durante la crisis ni su jefe de policía ni él se presentaron en el lugar de los hechos y cuando lo hizo, responsabiliza a “otros” en general no asumiendo su propia responsabilidad personal sin la cual la democracia está ausente de la órbita presidencial.
La libertad democrática no reside únicamente en elecciones transparentes sino también el funcionamiento y respeto de poderes plurales e independientes dentro del Estado. ¡Atención Panamá! Dios no quiera que dejes que te troquen tus libertades por una caricatura de democracia como sucede en Venezuela con Chávez. Pero tenemos que recordar el dicho “a Dios rogando y con el mazo (de la crítica y de la acción cívica y política) dando”.
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