La democracia subsidiada
El efecto de la campaña mediática negativa pasada, dejó en el panameño una percepción molestosa de todos los partidos políticos, en virtud de los presuntos escándalos de corrupción de casi todas las agrupaciones una vez asumieron el poder en los diversos periodos gubernamentales, sin exceptuar la actual.
La finalidad de un partido político es detentar el poder del Estado, pero este objetivo no puede ser absoluto en sí, dado que su existencia ha de basarse sobre elementos ideológicos, doctrinales; estructura organizativa que oferte acciones programáticas dirigidas al mayor interés de los electores.
Una realidad contundente es que el colectivo político que incumpla lo ofertado o se aparte de lo que la ciudadanía como electores esperaba de ellos, se somete a una conclusión de rechazo, y lo que fue esperanza en su momento se convierte en tolerancia temporal.
El Presidente de la República, Ricardo Martinelli, empresario conocedor del mundo financiero; convencido de que la mejor manera de asfixiar competencia u oposición es el cierre de los canales de solvencia económica para actuar; recordemos como quitaron subsidios a los sindicatos y posteriormente reformaron la ley, con el “chorizo”, para disminuir las cuotas sindicales y así debilitar el poder de acción de estos movimientos; pretende ahora hacer lo mismo con los subsidios a los partidos políticos.
Hay que aceptar que estos subsidios necesitan mayor fiscalización, lo que no implica que se deban utilizar para cumplir promesas retrasadas por falta de previsión, nadie discute el derecho ganado de los jubilados a merecer su aumento, pero justificar en aras de este derecho el sacrificio de un elemento consustancial al Estado Democrático, que lo es la existencia de Partidos Políticos, acerca a este gobierno hacia una dictadura clasista política de adinerados, que al menos es un poco equilibrada por el propio Estado mediante el control económico de la dinámica política partidista.
*Analista político.
