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La democratización de la banca del S. XXI

Por: Redacción 28/01/2016

Desde 1904, el uso del dólar estadounidense como moneda de curso legal en Panamá y la ausencia de un banco central de emisión panameño puso, como consecuencia, el control del suministro de nuestra masa circulante de dinero  en manos de los bancos y de la élite económica del país, condición que no ha cambiado hasta la fecha. Ese suministro endógeno por parte del sistema bancario panameño proviene, en este caso, del dinero  de los bienes y servicios e inversiones que producimos,  no de emisiones de dinero hechas por un banco central.  Los dólares que circulan en Panamá no nos los regala Estados Unidos ni los compran nuestros bancos allá.
Este sistema monetario cuenta con 112 años y tiene sus orígenes en la necesidad inicial de la Comisión del Canal de contar con suficiente dinero en efectivo para pagar a sus empleados durante la construcción del Canal, sin el costo y posibles fluctuaciones de tipo de cambio (dólar/peso). Se estableció mediante  una orden ejecutiva del Gobierno estadounidense, sin rango de tratado, ratificada a regañadientes por un decreto presidencial de Amador Guerrero (“Taft-Arias-Morales Monetary Agreement” de 1904).
Para perfeccionarlo la Comisión del Canal y el Gobierno panameño firmaron además un contrato bancario con 4 bancos radicados en Panamá (Ehrman & Co.; Isaac Brandon & Brothers; International Banking Corp.; y American Trade Developing Co.), pues la cantidad de pesos colombianos existentes en el país  en 1904 no era suficiente para ese fin (Ricardo Arias lo calculaba en no más de 3 millones o 8 pesos por persona).
Este paréntesis histórico pone en su justa dimensión las características de la banca panameña actual que se rige con bastante transparencia, probidad y equidad, dentro del marco de la ley bancaria (Ley 9 de 1998 y todas sus modificaciones) y cada vez más, de exigencias foráneas.
Las ventajas del sistema son evidentes: estabilidad monetaria sin devaluaciones; tasas de interés muy competitivas; baja inflación con crecimiento económico y rápida adaptación a golpes externos entre otros beneficios.
Todo esto facilita nuestra apertura económica, más y más integrada al mercado internacional mediante tratados de libre comercio. Además, aumenta nuestra ventaja competitiva como centro de servicios tan ligada al canal, a la Zona Libre de Colón, al turismo, al sistema portuario nacional como plataforma logística, etc., que sitúan a nuestro país entre los más prósperos de la región y que por añadidura suministra la cantidad de dólares que necesita la economía.  
Este monopolio de los bancos sobre el dinero ha coadyuvado a promover todas esas transacciones sin que el Gobierno recurra a políticas monetarias (casi inexistentes aparte de la acuñación periódica de balboas y su uso como unidad contable) y sin incurrir en gastos de un banco central.
Pero en esta era de economía digital se necesita modernizar y democratizar el sistema y ponerlo al servicio de la gente creando nuevas formas de intercambio que cree valor sin extraer intereses o cargos bancarios.
Ya existe dinero digital (como el “bitcoin” o el “evergreen”); bancos electrónicos (“favor Banks”); plataformas cooperativas (“Lazooz”) e instrumentos financieros más equitativos (crowd funding) y compañías de beneficio publico (PBC o benefit corporations).  Por eso debemos ponernos al día y adecuarnos al siglo XXI.
Economista

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