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La derrota de la pobreza

Por: Redacción 30/01/2014

Guillermo A. Ruiz Q. /Ingeniero y analista político (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Nada más hilarante que los desayunos, almuerzos y cenas que muchas organizaciones y hasta el gobierno organizan para hablar sobre el hambre y la pobreza. Cuando no se sufre, todo es teoría barata.

Cada vez que llega la época electoral, los candidatos muy asesorados por estos consultores internacionales cuyas ideas logran que hasta el menos carismático sea electo primer mandatario, lo convencen de que tienen la solución a los milenarios problemas antes descritos.

Por lo anterior, es interesante que insistan en el tema. Ha quedado demostrado que la derrota de la pobreza pasa por temas muy superiores a los simples slogans de campañas publicitarias.

El primer error ha sido atacar el problema ignorándolo. Y el mejor método para esto han sido los ya innumerables subsidios que tratan de “ayudar” a los más necesitados que terminan, al final, necesitando siempre mucho más. Esto se debe a que al fomentar la cultura parasitaria, se afecta la cadena productiva de un país.

El Salvador es un ejemplo claro. El primer ingreso de ese país son las remesas enviadas desde los Estados Unidos a los familiares que aún residen en ese país. Las primeras y segundas generaciones de latinos salvadoreños aún lo hacen. Con estas remesas, muchos salvadoreños pagan a hondureños y nicaragüenses para que realicen labores que ya ellos ni quieren o les interesa hacer. Así, la cadena económica termina muy lejos del origen de estos ingresos o al menos sus objetivos. Lo más peligroso es que las generaciones siguientes ya han cortado sus lazos con ese país, en su mayoría, lo que podría provocar una disminución de tal ingreso a largo plazo.

Nuestro caso está en el mismo camino. Es tal la cantidad de subsidios que ya están siendo utilizados por extranjeros de manera indirecta. Los problemas que existen en la frontera con Costa Rica de la comercialización y posibles casos de contrabando de los tanquecitos de 25 libras de gas, así como la cada vez mayor utilización de mano de obra nicaragüense para el servicio doméstico, colombianos para los trabajos de construcción y muchos otros, son un claro ejemplo de cómo el país pierde divisas por una mala concepción del ataque a la pobreza.

Pero la peor manera que afectan la cadena productiva agropecuaria son los subsidios. En nuestro país, la política de ayudas a las personas más necesitadas ha tenido como consecuencia positiva que los índices en materia de extrema pobreza hayan bajado a números ridículos.

ESTAMOS A LAS PUERTAS DE CONVERTIRNOS EN UN PAÍS DEPENDIENTE EN CUANTO A SU SEGURIDAD ALIMENTARIA. Y ESTO TIENE QUE VER CON POLÍTICAS PÚBLICAS QUE NO SON LAS ADECUADAS, SOBRE TODO EN UN PAÍS DONDE LA EDUCACIÓN NO ES NUESTRO FUERTE.

Pero en la vida real, la pobreza sigue siendo una realidad, que aunque ha mejorado, solo se sostiene por los enormes ingresos que tiene el Estado panameño en esta última década de amplia bonanza. Cualquier estudiante de economía de primer año sabe que esto no es sostenible a largo plazo, lo que hará que el hambre y la extrema pobreza vuelvan a tocar la puerta de quienes hoy no les interesa ser parte de la cadena productiva ya que, según muchos, reciben más dinero por los múltiples ingresos que tienen gracias a los subsidios, que trabajando la tierra o para un empresario del agro que necesite personal.

Estamos a las puertas de convertirnos en un país dependiente en cuanto a su seguridad alimentaria. Y esto tiene que ver con políticas públicas que no son las adecuadas, sobre todo en un país donde la educación no es nuestro fuerte.

Urge una revisión íntegra de la lista de subsidios que sufraga el Estado, lo mismo que sus reales objetivos y presentar una propuesta completa que indique la forma en la que estos dineros se van a utilizar y cuál es el resultado que se espera. Lo mismo que para las políticas de búsqueda de inversión extranjera, las cuales se deben enfocar hacia las provincias menos desarrolladas y que necesitan correas que ayuden a la activación del motor productivo de las mismas.

Recuerdo a un taxista tico en mi camino hacia el aeropuerto Juan Santamaría. “Estuve en Panamá, tienen una ciudad muy moderna, pero el resto del país es muy pobre”, me dijo. Le pregunté el porqué y me dijo: “tengo un amigo que vive en Veracruz, y las ventanas de su casa son de bloques de cemento. Eso no pasa acá”. A veces, los números macroeconómicos no son los mejores indicadores de la pobreza, el hambre y la miseria. Por eso los políticos deben ser muy responsables a la hora de presentar sus propuestas a los panameños en campaña electoral, por el bien de todos.

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Lunes 10 de agosto de 2026