La desgracia de la ira
Monseñor Emiliani, tengo un peso en mi conciencia que no puedo descargar. Por muchos años maltraté física y moralmente a la que fue mi esposa. No supe comprenderla ni valorarla. Le achacaba la culpa de todo lo que pasaba en la casa. Hasta llegué a calumniarla diciendo que había estado con otro hombre. Eso me lo inventé yo y seguí con esa historia mucho tiempo. La fui torturando mentalmente y la fui doblegando hasta convertirla en una enferma. Recuerdo cómo gozaba yo, sí, morbosamente, haciéndola llorar. Luego, a los pocos días, empezaba a hacerle cariños y ella me aceptaba nuevamente. Pero cuando yo entraba en cólera, la insultaba, incluso, enfrente de sus hijos. Recuerdo dos golpizas que le di. La segunda vez intervino un vecino que me apartó de ella y me llevó casi a la fuerza a su casa. Tengo que aceptar que generalmente eso lo hacía bajo los efectos del licor. Tengo dos hijos varones y una niña que, por cierto, me odian. De la madre de mis hijos hace tiempo no sé nada, nada más que estuvo bajo tratamiento psiquiátrico y que vive con su mamá. Yo me he acercado más a la Iglesia, ya que estaba muy apartado y voy a hacer un retiro con la renovación carismática de mi parroquia. Yo sé que necesito sanación espiritual. Cuánto quisiera volver atrás en el tiempo y empezar de nuevo. Volver a enamorarla y tratarla como a una reina. ¿Sabe una cosa? Yo la quiero todavía y mucho. Estuve enredado con otra mujer que lo único que hizo fue sacarme la plata que pudo, y qué ironía, la trataba como a una reina y le decía las cosas que nunca le dije a mi mujer, y al final me dejó porque se reconcilió con su antiguo novio.
Estimado señor, volver al pasado y empezar de nuevo es imposible. Qué irónico el hecho de que la mujer que en verdad lo quiso a usted plenamente, ha sido la persona que recibió de usted todos "los males". Ahora lo importante es que usted ya entendió; ya entró en conciencia de lo que ha sido su vida. Asista a ese retiro de la renovación espiritual católica. Haga una lista desde ya de sus errores y de la gente que ha sido ofendida por usted y con humildad vaya y pida perdón a las personas agredidas, sobre todo a su exesposa. Búsquela, por favor, y si no lo recibe, mándele una carta donde usted le pida perdón. También debe hablar con sus hijos. Ahora bien, todos dirán que quieren ver cambios en usted, sobre todo en aquello que lo hace trastornar, el licor. Por eso le pido que acuda a Alcohólicos Anónimos, donde le van a ayudar a recuperarse. Reconciliarse con Dios, con los demás. En el caso de sus hijos, poco a poco vaya acercándoseles y que ellos vean a ese "hombre nuevo" que será usted. Esté preparado y con humildad escuche las quejas. No discuta con ellos ni con nadie. Usted acepte su culpa. Eso será parte de su purificación y recuperación. Sí, tiene que existir una desintoxicación no solamente física, sino mental. Algo importante será acudir también a un profesional de la psicología. Aprenda a controlar su ira, a ser dueño de usted mismo. Cómo ayuda a eso la comunidad cristiana, la oración, la vida sacramental. Tómese en serio su renovación interior. Y ni una copa de licor más. Y recuerde, con Dios, usted es invencible.
Monseñor cmf.