La desvergüenza, mal de políticos
Es increíble que como sociedad, estemos llegando a extremos en cuanto a no importarnos el desdén de los políticos, empleado sin temor a represalias electorales. Una burla azarosa, convertida en costumbre, la cual ejerce influencias negativas en una juventud, sin referentes históricos apropiados. Qué no hablar de nuestra imagen internacional, cuyo daño poco les importa a quienes por salvar, supuestamente la suya, deterioran la del país.
Es que para algunos desvergonzados, la mentira es fácil proyectarla como verdad absoluta y en ocasiones, como las que vivimos, la convierten en fuertes escudos defensivos, detrás de los cuales se esconden, hábilmente, manipulando una sociedad que, desde tiempos pasados, se le engaña cada cinco años.
Será que ya no causan sorpresa las parrampanadas, asfixiantes, de políticos corruptos quienes hoy, de moda por cierto, acuden a los medios de comunicación, a la iglesia y se reúnen con representantes de la sociedad civil para acusar de dictatorial al Presidente de la República, señalando que la justicia está parcializada al servicio exclusivo de quienes les acusan de actos de corrupción. No será fácil cambiar la imagen de la justicia en Panamá y en esto, cada boca habla por experiencia propia; sin embargo, los del partido querellante son los que más han polarizado el uso parcializado del poder legislativo y judicial.
Genera preocupación observar cómo personas, de elevado perfil político, señalan ante los medios, que consideran “REBUSCA” lo que el gobierno desea hacer con los corredores y un ex presidente expresa primero, no temerle a investigación alguna sobre su actuar público y posteriormente, sale sin sonrojo, señalando que le será difícil defenderse, ante un sistema de justicia parcializado en su contra. Qué lastima que una frase de campaña “entran pobres y salen millonarios” demerita la veracidad de una realidad tangible a toda la ciudadanía.
Este precipitoso actuar donde la ofensiva es la mejor defensa, unido a la sarta de ataques inspirados en hipocresías y falsedades ha generado, con niveles de éxito, un sentimiento negativo hacia el actual gobierno del cambio; claro, no ayudan los nombramientos de magistrados en la corte, indecisión en la designación de un nuevo procurador general de la nación, el no haber separado, puntualmente mientras se investiga, al procurador de la administración, una Ley 30 cuyo contenido pudo haber sido mejor, los señalamientos sobre la falta de seguridad ciudadana y las influencias del narco tráfico como alternativa de vida económica.
Sé que estamos cansados Panamá, pero no debemos olvidar que hemos sufrido mucho más; de allí, pensemos qué cambiar la consistencia cruda, fuerte, pesada e integral de la corrupción histórica, requiere de una paciencia muy particular y en ello debemos involucrarnos con mayor empeño.
