La devastación en nuestro país
No sé qué ha sucedido en Panamá, pues hemos perdidos los árboles que existían. Cuando era niña, mi abuelo me hablaba de la selva entre Las Tablas y Tonosí con tigres y otros animales. En los años 50 se cayó una avioneta en lo que todavía era la selva y se salvaron de milagro. Ahora pasamos por esos lares y se han convertido en potreros que no tienen casi ningún árbol; luego nos quejamos de que no llueve en Azuero, pero ahora no es como antes y pagamos el precio alto de la falta de lluvia.
Hace tiempo quería escribir sobre el particular y ahora considero un tema de actualidad por la falta de lluvia. De niña, en la escuela primaria aprendí que para que venga el agua del cielo se necesitan árboles y, durante más de 50 años no hemos hecho otra cosa que matarlos sin asco ni remordimiento. He observado siempre cómo, en un terreno que van a
construir un edificio o una barriada, tumban los pocos árboles que aún quedan y eliminan hasta la hierba.
Lo peor de esto es que, cuando finalizan la construcción no son capaces de sembrar nada que reponga lo perdido. Y así hemos ido caminando por una ruta equivocada. Algunas de nuestras principales calles están sin árboles y no ha habido alcalde alguno que siembre, sino solo matas pequeñas. Con esas no atraemos la lluvia que necesitamos urgentemente. Los manglares han sido devastados o vendidos para construir viviendas. ¡Oh error! Recuerdo cuando regresaba uno a Panamá, veíamos desde el avión una selva entre el mar y el aeropuerto. Hoy no existe esa selva y todo se ha perdido. No niego la necesidad de avanzar y progresar; pero sin matar la naturaleza. En todas las ciudades del mundo existen grandes arboledas y cantidades de parques que embellecen la ciudad, además de convertirse en los pulmones de las ciudades. ¿Por qué no imitarlos? ¿Por qué no educar a la gente en la ecología? Y no solamente a los adultos, sino también a los niños de las escuelas para que crezcan con esa cultura y, algún día, cuando ellos manejen el país la apliquen para engrandecerlo y mantenerlo.
Sin embargo, a esas personas que hablan en todos los medios en contra de las mineras y de cuanto se haga en Panamá, no las escucho criticar lo que he dicho y mucho menos convertirse en educadoras del pueblo. ¿Por qué no enseñan a mis paisanos santeños a no tumbar tantos árboles y dedican su tiempo a conservar realmente la naturaleza? Pero es más fácil criticar negativamente y no hacer nada positivo en lo que de veras es necesario. Señoras, eduquen al pueblo y hablen menos en los medios, criticando.
¿Quiénes recogen la madera para negocio y quiénes dan los permisos para que tumben los árboles sin exigir su reemplazo como dice la ley? La naturaleza es lo más importante que tenemos y nos cobra cada mal que le hacemos, igual que el mar. Ese es otro que han atacado sin asco y algún día se pondrá bravo.
Se han secado los ríos porque han desaparecido los árboles. Los grandes ríos que existían en el interior, algunos han terminado siendo quebradas y estas son ahora un hilo de agua que de nada nos beneficia.
Hace unos días, se celebró el Día Internacional de la Tierra y aquí pasó prácticamente desapercibido, y es una verdadera lástima porque la tierra es importantísima para la humanidad.
Ojalá no sea tarde para reaccionar y dar vuelta atrás o, cuando esto sea imposible, echar hacia adelante, pero recapacitando en el sentido de defender la naturaleza. Cuando era niña, en Las Tablas se celebraba el Día del Árbol en el mes de junio y los alumnos de la escuela salíamos a sembrar pequeños ejemplares y se nos enseñaba el amor al árbol.
Sin embargo, todo se olvidó y ahora los tableños son los que más devastan, aunque no me da la gana de que digan esto porque en el resto del país es igual. Solo tienen que ir por el Corredor Sur para que vean con pena, los pocos árboles que quedan y la devastación a la que hemos sometido a esa zona.
Hace unos días, pasé por allí y me dio dolor contemplar lo que es hoy y lo que fue. Pensemos y actuemos antes que sea tarde.