La dictadura de la transparencia
Wikileaks, o los secretos filtrados a través de la organización que lidera el australiano Julian Assange, logró despojar de sus ropas al poder y lo expuso sin edición ante miles de ciudadanos.
Desnudo. El maestro de periodistas, el colombiano Rubén Darío Restrepo, opinó anteayer que el fenómeno de Wikileaks le “está abriendo los ojos a los ciudadanos”.“¿Cómo se sostiene un poder que ya no tiene el poder de conservar sus propios secretos?”, se preguntó el periodista, durante una charla con colegas en El Salvador. Y completó: “Estamos bajo la dictadura de la transparencia”.La difusión pública de los miles de cables diplomáticos que las diferentes embajadas de Estados Unidos enviaron al Departamento de Estado permitió conocer los entretelones mejor guardados de la política exterior de la principal potencia de la Tierra.
Pero no solo eso; también dejó expuesta mucha de la información que los gobiernos locales manejaban en la sombra.Según Restrepo, los medios deben manejar la información filtrada por Wikileaks de la misma forma que se manejan otras fuentes: “hay que partir del principio de que allí se miente, si no se demuestra lo contrario”, dijo.Para el colombiano, la actual circunstancia podría ayudar "a cambiar el concepto de secreto en los gobiernos"."Hay una especie de exageración o sobrevaloración de la importancia de los secretos oficiales", agregó, según cables internacionales.
Justamente, el gran impacto de Wikileaks, que en vez de publicar los cables en la red decidió cederlos en forma gratuita a los medios para su análisis y difusión, es que encerró en un laberinto a los encargados de ocultar los secretos. O sea, a los organismos cuyo trabajo consiste en mantener lejos de la mirada de la gente ciertos asuntos de Estado.
El fenómeno Wikileaks, como dijo Restrepo, llevó a cabo un afable golpe de Estado y decretó una nueva dictadura: la de la transparencia.
