‘La Dictadura Perfecta’
Desde los albores de su aparición, la televisión ha jugado un rol relevante, sobre todo porque teóricamente se nos enseñó, o por lo menos era lo que se creía, que los medios de comunicación contribuían a prolongar la misión de la escuela en el hogar, generando una ciudadanía crítica, combativa e informada.
CÓMO EL PODER EMPRESARIAL SE INVOLUCRA EN LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA, MANIPULA Y CONTROLA LA INFORMACIÓN, Y PROPICIA UN PUEBLO IGNORANTE, ADORMECIDO, SUMISO Y CONFORMISTA, A TRAVÉS DE UN MUNDO SURREALISTA Y MARAVILLOSO, DONDE LA MUJER INDÍGENA SE HACE MILLONARIA, LA DOMÉSTICA ENCUENTRA EN SU PATRÓN SU PRÍNCIPE AZUL Y LA HUÉRFANA ES DUEÑA DE UNA GRAN FORTUNA...
En la actualidad lamentablemente debemos reconocer que la televisión constituye un componente sustancial, pertenece a grandes grupos económicos, de negocios seguros, por sus beneficios y por su capacidad de influir sobre la población, configurándose como uno de los elementos hegemónicos en la formación de opiniones y estereotipos de los ciudadanos. A esta cultura pertenecen el trato diario con los medios y sus contenidos, la forma de pensar y de sentir determinada por ellos, al igual que los hábitos de leer, oír y ver, de consumo y comunicación, las modas y una buena parte del lenguaje.
Recientemente llegó a mis manos la sátira política, “La Dictadura Perfecta”, una verdadera joya cinematográfica, dirigida y producida por el cineasta mexicano Luis Estrada, considerada por los Premios Goya como mejor película iberoamericana, un filme que describe y revela categóricamente la realidad no solo de Ciudad de México con sus tele empresarios, sino que nos lleva a pensar en personajes fácilmente identificados en las ciudades Latinoamericanas y en especial en el entorno panameño.
“La Dictadura Perfecta” narra cómo el poder empresarial se involucra en la administración pública, manipula y controla la información, y propicia un pueblo ignorante, adormecido, sumiso y conformista, a través de un mundo surrealista y maravilloso, donde la mujer indígena se hace millonaria, la doméstica encuentra en su patrón su príncipe azul y la huérfana es dueña de una gran fortuna, así como la manipulación mediante el fútbol, los reality shows, mientras más amarillistas son más rating tienen, y el gran negocio es para las compañías telefónicas.
Desde este contexto observamos cómo se maniobra la información y se desvía la atención de las audiencias hacia temas escandalosos y sensacionalistas, recordemos en Panamá, la revelación del Chupa cabra, el hombre lobo, etc., a fin de cubrir y diluir la información de aquellos que ponen en riesgo la reputación del funcionario o de la propia institución. En este sentido es visible cómo la cultura política empresarial influye en el desarrollo intelectual de un país, pero sobre todo cómo un medio de comunicación es permisible y se torna parte del oficialismo, soslayando su responsabilidad de informar muy por encima del interés de la población.
LA IDIOTIZACIÓN DE LOS PUEBLOS Y CUANTO MENOS SEPAN, MÁS CONVIENE A UNA MINORÍA INTERESADA EN MANIPULARLOS EN BENEFICIO DE SUS PROPIOS INTERESES, QUE SI BIEN ES LA LAMENTABLE REALIDAD MEXICANA; LA DE PANAMÁ NO ES DIFERENTE.
Al tele empresario, ni por asomo se le ocurre dejar al descubierto el peculiar sistema de administración de justicia, especialmente hacia con quienes menos recursos legales y económicos poseen. Se oculta la corrupción de los estamentos estatales, los escándalos nacionales pasan inadvertidos si del poder se trata, empobreciendo la cultura y embruteciendo a la población.
Ahora bien, amado lector, les invito a seguir la película, descifrar la mala televisión, a más inculta, inepta e incapaz de razonar, no obstante, más tonto sea un programa suponen tendrán más rating, la idiotización de los pueblos y cuanto menos sepan, más conviene a una minoría interesada en manipularlos en beneficio de sus propios intereses, que si bien es la lamentable realidad mexicana; la de Panamá no es diferente. No queda más que recomendarles que estemos pendientes a los programas que ven nuestros hijos, puesto que es la única manera de exterminar este cáncer mediático.