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La doble crisis de la seguridad y soberanía alimentaria


Juan Jované (opinion@epasa.com) / Economista

Nuestros problemas de seguridad y soberanía alimentaria son el resultado de una doble crisis. Desde la perspectiva de la disponibilidad, nos encontramos frente a una crisis de la producción; mientras que desde la óptica de la circulación, la situación se caracteriza por un creciente encarecimiento de los bienes alimenticios.

Desde el punto de vista de los precios, la persistencia del fenómeno inflacionario se manifiesta en el hecho de que, de acuerdo con cifras del INEC, el índice de precio de los alimentos ha mostrado una tasa de crecimiento anual de 7.7% al comparar marzo de este año con el mismo mes del año anterior. Así mismo, se manifiesta en el alza del costo de la llamada Canasta Básica Alimenticia, el que según los registros del MEF se vio incrementado en cerca del 6.0% durante el mismo período.

A diferencia de lo que ya se ha convertido en una especie de argumento defensivo y maniqueo de las actuales autoridades, el proceso inflacionario aquí descrito no se puede explicar como una simple referencia a los fenómenos del mercado global. Esto es claro al tener en cuenta que, en base a los registros de la FAO, se puede establecer que entre abril del año pasado y abril de este año el índice de precios internacionales de los alimentos mostró una tasa negativa de crecimiento de 7.6%. El contraste de este dato con los observados a nivel local muestran el componente especulativo de la inflación del precio de los alimentos en Panamá, el cual ha venido generado una creciente renta en forma de renta monopólica para quienes controlan la importación y distribución de estos bienes básicos.

Desde el punto de vista de la producción, la situación de la oferta interna es de creciente deterioro. Si tomamos como indicador de la evolución de la oferta local de alimentos la tendencia del valor agregado tanto en la agricultura como en la industria alimenticia esta situación se hace transparente. En efecto, de acuerdo con datos de la contabilidad nacional recopilados por el INEC, entre el 2004 y el 2010, la tasa de crecimiento promedio anual de la generación de valor agregado en la esfera de los alimentos resultó ser negativa en cerca de 0.4%. Si se toma en cuenta el crecimiento de la población, resulta ser que para dicho período el valor agregado per cápita del conjunto de las actividades alimenticias se redujo a una tasa del 2.1% promedio anual. Se debe destacar, además, que para el año 2011 el PIB del sector agropecuario resultaba ser inferior en aproximadamente el 5.0% al observado en el 2008.

Se trata, entonces, de un modelo, que no solo deteriora cada vez más el nivel de vida de la población, sino que, además bloquea sistemáticamente las posibilidades de los productores nacionales de alimento, principalmente los más pequeños. La retoma de la idea de la seguridad y soberanía alimentaria es una prioridad nacional. Esto solo será posible rompiendo el control oligopólico del mercado de los alimentos y la promoción de la producción nacional.

Economista