"La Educación, cimiento de la aptitud ciudadana"
Sin temor a nada sostengo que es a base de esfuerzo que lograremos el cambio social tan anhelado, relegando a los enviciados del manejo del erario público para tomar parte de la política como activistas de la justicia; para ello, y sin pretender ser erudito, creo que es necesaria una formación adecuada y conocimientos plenos de nuestros Derechos ciudadanos para así, con gran conmoción poder alcanzar lo justo sin temor a ser mediatizados. La educación coadyuva a que podamos concientizarnos de la realidad que vivimos y es un factor que incide en que seamos centinelas del correcto manejo de la misma y de un real progreso social.
Nuestro interés ahora es acotar que la capacidad del ciudadano y su incidencia ciudadana depende de la educación, la cual supone en la persona un gran sentido de comprensión, es decir, su aptitud para receptar con coherencia la dimensión de nuestras circunstancias a base de la razón que es lo que nos servirá para emprender la edificación de nuestra identidad personal para lograr asumir roles y prepararnos para encarar al mundo. Julio Sousa Lennox, sostiene: "El estudio del Derecho demanda una profunda vocación humanitaria... y el reconocimiento en gran sentido de la comprensión de la justicia y la libertad"... No obstante, consideramos que ese sentir humanitario y apego a la equidad, no sólo debe ser un patrón para los estudiosos del Derecho, pues no somos los únicos poseedores de dichos atributos, por ende, discurrimos que un efectivo trabajo de conciencia en pro de una real madurez social implica forjar a los demás miembros de la sociedad, y qué mejor que empezar por la juventud para que este grupo social siente cabeza y logre prever que de sus actos como resultado se infiere la dirección de su futuro, que no optar por acatar roles y compromisos sociales es dejar de ser protagonistas de sus vidas lo que es legar a otros a que escriban y condicionen su porvenir.
En otras palabras, nuestra educación nos premia e indulta en el futuro. También, incurre en la búsqueda de la solución de los problemas de una sociedad y en el realce de nuestra dignidad, pues merecemos respeto sin importar quiénes somos. Cabe argüir que la sustancia de este escrito es que el desconocimiento del ciudadano es el opio de pueblo y que nos toca formarnos, aprender y promover la enseñanza de todo índole y sobre todo en Derecho para evitar las arbitrariedades de quienes gobiernan, pues fácil seria reflexionar que la mala educación pública es un elemento afín para la estupefacción de los pueblos.
