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La educación como tarea colectiva

Por: Redacción 06/10/2015

Me gustaría que leyeran este artículo aquellas personas que no quieren instruirse, que se han negado a enderezarse y no desean aprender, que están salvajes como ese campo sin ararlo y que quieren proseguir el camino sin despertar el intelecto. Cultivarse es algo admirable, sobre todo cuando nos enseñan a pensar, para bucear por nuestros interiores, o a sentir el contacto con nuestros semejantes de manera respetuosa para poder convivir.

No hay mayor tesoro que poder educarnos para la vida que nos espera, para la convivencia que nos aguarda, para el discernimiento de la justicia como conciencia, para ser excelente persona cada día en definitiva. Por consiguiente, yo les diría a los individuos que no quieren dejarse sorprender por la sapiencia, que al final somos lo que la educación hace de nosotros. Porque hasta para reflexionar, precisamos saber mirar; y, para ver, también requerimos de un afán, la búsqueda permanente.

Ciertamente, cuesta entender que haya tanta dejadez social, ante el alma tan tierna de un niño, al que podemos destruir o, por el contrario, templarlo para que pueda salir airoso ante las dificultades de la vida. Por otra parte, aún hay otros países, que para alcanzar el objetivo de la educación primaria universal de aquí a 2020, se necesitarán contratar a 12.6 millones de maestros, según datos recientes del Instituto de Estadística de la Unesco. También se olvida la sociedad que, educando a los niños de hoy, no será necesario castigar a los adultos del mañana. Mi consejo, pues, que se dejen instruir para embellecerse y verán luego el gozo que sienten, amarán más la vida y se amarán mejor.

Deberíamos acusarnos todos, ante esos niños que no quieren aleccionarse, tanto sea por desgana propia del educando como por falta de incentivos en los recursos o docentes. La docencia es una cadena de transmisión de la civilización, que ningún país debe obviar, en la medida que su actuación nos hace avanzar o retroceder. Por eso, es una buena noticia que el eje de la Agenda de Educación 2030 considere como primordial objetivo "una educación de calidad inclusiva y equitativa, y promover las oportunidades de aprendizaje permanente para todos". Todo debe girar alrededor de la formación y, en este sentido, los docentes juegan un papel vital. ¿Quién no recuerda a sus buenos maestros?

Ha llegado el momento que todos, gobiernos y comunidades internacionales, familias y sociedad en general, apoyen unánimemente a los docentes y al aprendizaje de calidad, especialmente en aquellos ámbitos que cuentan con el mayor número de niños sin escolarizar. A fin de cuentas, la eficacia de cualquier sistema educativo depende de la formación de sus educadores. Todos debemos apoyarlos para que esas personas que no quieren saber nada de libros vean en sus maestros, personas que aparte de predicar con el ejemplo, son efectivos guías motivadores, hasta el punto de enseñar a quien no quiere. Con razón el porvenir está en manos del auténtico docente y, mucho más, en todo el pueblo que también educa.

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Miércoles 29 de julio de 2026

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