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La educación: la falta de conocimiento

Por: Redacción 15/04/2015

Pese a que el Plan Estratégico 2015-2019 pretende poner en el centro de su dinámica a la educación, su enfoque sobre el tema muestra grandes deficiencias, dando lugar a un planteamiento caracterizado por su superficialidad y la carencia de una visión coherente de política pública. Es, entonces, imprescindible abordar esta temática, resaltando los vacíos y enfoques erróneos observados en el acápite 5.6 del documento bajo análisis.

Para comenzar, llama la atención que en ningún momento de su exposición el “Programa Estratégico” establece que la educación debe constituirse en un medio imprescindible para la preservación y desarrollo de los valores que sostienen nuestra nación. Tampoco asume que la educación, entendida -para usar el concepto de Paulo Freire- como práctica de la libertad tiene como uno de sus fines principales la generación de una ciudadanía plenamente consciente de sus derechos, así como de sus responsabilidades solidarias con la sociedad. El planteamiento oficial se disuelve así en un economicismo, incapaz hasta de sostener sus propias metas.

SE TRATA DE UN MARCO DIFÍCIL DE LOGRAR EN UN MEDIO EN EL QUE, COMO EL DEL “PROGRAMA ESTRATÉGICO, PRIMA EL CONSERVADURISMO SOCIAL, QUE EN NUESTRO CASO SE EXPRESA EN QUE EN EL CONTENIDO DE LA ESTRATEGIA PROPUESTA LAS CIENCIAS SOCIALES, LA EDUCACIÓN EN ESTAS DISCIPLINAS NO APARECE COMO UN IMPORTANTE APOYO A LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL QUE NECESITA EL PAÍS.

El énfasis del proceso educativo, tal como lo entiende el actual gobierno, está puesto en seguir las señales del mercado, a fin de proveer suficiente fuerza de trabajo, destinada a asegurar la rentabilidad de las inversiones. Desde un punto de vista estrictamente económico, es decir que ni siquiera trasciende la visión de la teoría económica tradicional, se muestra un claro desconocimiento de un hecho importante: entre los más conocidos problemas del funcionamiento de los mercados están las llamadas fallas de coordinación. Esto, para lo que nos ocupa, significa que es posible un equilibrio ineficiente, en el que la inversión no se da por la carencia de mano de obra con calificación necesaria, mientras que nadie estudia para lograr esa calificación, ya que no existen puestos de trabajo disponibles, dada la ausencia de inversiones. La solución aquí es que las políticas públicas adelanten las acciones educativas, dentro de un plan en el que las inversiones también se guíen en la dirección correcta. Se trata, desde luego, de una visión que seguramente horroriza a la dirección neoliberal del MEF, pero que estuvo en la base del éxito de economías como la de Corea del Sur.

Los economistas J. Stiglitz y B. Greenwald, en su última obra, titulada “Creating a Learning Society”, argumentan que el desarrollo está ligado a la velocidad con la que la sociedad aprende a utilizar mejor sus recursos. Esto nos lleva más allá de la idea tradicional del capital humano de Gary Becker, que es pieza clave del discurso sobre educación contenido en el “Programa Estratégico”. Sin negar la importancia que tiene dotar a las personas con conocimientos que les puedan ser útiles en su futura actividad productiva, la educación también debe promover que estas sean capaces de aprender y descubrir nuevas formas más productivas y sostenibles de hacer las cosas. Esta habilidad, fundamental en una época de intenso cambio científico – técnico, se resume en la idea de aprender a aprender, elemento totalmente ausente del planteamiento de la estrategia oficial.

Para lograr el objetivo de aprender a aprender, hace falta desarrollar en quienes se educan una sólida base científica, así como una posición analítica y crítica, sostenida en una base material de laboratorios y prácticas, que también permitan realizar los procesos conocidos como aprender haciendo. Sobre todo, tal como lo subrayan Stiglitz y Greenwald, el elemento fundamental para lograr una sociedad del aprendizaje está en un marco cognitivo que se base en el principio de que cambiar las cosas es necesario y posible.

Esto nos devuelve al problema de la educación como proceso de liberación, ya que solo un ambiente basado en la libertad de pensamiento, en el ejercicio de la crítica y del debate de ideas puede generar la suficiente fuerza creativa para asegurar la práctica del creciente aprendizaje y de generación de nuevas ideas. Se trata de un marco difícil de lograr en un medio en el que, como el del “Programa Estratégico, prima el conservadurismo social, que en nuestro caso se expresa en que en el contenido de la estrategia propuesta las ciencias sociales se mencionan apenas una vez, en condiciones en las que, además, la educación en estas disciplinas no aparece como un importante apoyo a la transformación social que necesita el país.

A diferencia de la visión gubernamental, influida por el interés de preservar el actual estilo de desarrollo, el país necesita de un enfoque alternativo. En este, al desarrollo nacional, democrático, socialmente justo y ambientalmente sano le corresponde un proceso educativo concebido para la liberación.

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Viernes 31 de julio de 2026

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