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La educación y su rol en la competitividad


El último reporte sobre la competitividad mundial puso de relieve que Panamá ha hecho avances positivos y que de darse un entorno favorable, pudiera incluso seguir mejorando su calificación. Igualmente, queda evidenciado del mismo informe que un factor determinante para que nuestro país tenga una mejor apreciación con respecto a su competitividad es el relacionado a la educación.

La importancia de la educación para acceder a un empleo es creciente, aun para los trabajos más sencillos. Esta tendencia que se debe a los cambios tecnológicos y a la pretensión de las empresas de ofrecer mejores servicios, obliga a considerar la calidad y extensión de la educación. Por mucho tiempo, los límites en el tipo de calificación requerida para los diferentes puestos de trabajo estuvieron muy bien delimitados.

Era sabido que aquellos que pretendían ocuparse en tareas rutinarias o intensivas en el uso de la fuerza necesitaban poca o ninguna calificación educativa. En el campo de los trabajos especializados era posible también determinar con relativa facilidad el tipo de competencia requerida. Más aún, las habilidades necesarias para las ocupaciones calificadas permanecían inalteradas a lo largo del tiempo.

Todo esto se ha modificado radicalmente en las últimas décadas, con la incorporación de tecnologías sofisticadas en los trabajos sencillos, con la ampliación vertiginosa de los tipos de actividades productivas y de servicios, con la interrelación entre los diversos tipos de actividades y, finalmente, con la transformación de las técnicas empleadas en el trabajo. Los cambios en las técnicas de producción y de circulación de las mercaderías, unidos a la exacerbación de una competencia globalizada, condujeron, en primer lugar, a la flexibilización de los procesos productivos y comerciales, lo que repercutió en la organización del trabajo, planteando la necesidad de flexibilizar también las rutinas laborales.

Paralelamente, y especialmente por la incorporación de tecnologías modernas a actividades tradicionales, aumentaron los requerimientos de formación educativa y de capacidad de adaptación de los trabajadores. En este contexto, aquellos que no tienen un piso mínimo de educación y capacidad para asimilar los nuevos tipos de tareas, tienen prácticamente vedada su incorporación a una franja creciente de la oferta de puestos de trabajo.

Los estudios oficiales y privados muestran, precisamente, que las personas más afectadas en Panamá por la desocupación son los jóvenes con menor formación educativa o profesional. Revelan también que uno de los problemas que afectan a los desocupados por largo tiempo es la obsolescencia de capacidades que poco tiempo antes le habrían servido para reubicarse. Todo esto plantea, por lo tanto, la importancia de extender la oferta educativa y, fundamentalmente, de adaptarla a los requerimientos de la economía moderna, incorporando las capacidades indispensables para mejorar la formación de los recursos humanos.

Este desafío puede verse desde dos puntos de vista. Desde un ángulo social, las carencias educativas contribuyen al mantenimiento de la desocupación, sin olvidar que, en nuestro caso, el principal problema del mercado de trabajo no es la escasez de oferta de empleos sino la escasez de mano de obra educada. Desde un punto de vista económico, la dotación de recursos humanos es crucial para ubicar el sistema productivo en las franjas más competitivas del mercado. Basta recordar que uno de los principales factores de desarrollo de los países exitosos en el mundo fue el énfasis puesto por los gobiernos y las empresas en la capacitación de la población.

Se trata en definitiva de observar los fenómenos dominantes en la sociedad para tomar decisiones estratégicas. En nuestro caso, si de verdad queremos obtener mejores calificaciones en la materia de competitividad, se trata de decidir si se mantendrá la orientación actual de darle a la educación un lugar secundario o de articular esfuerzos públicos y privados, académicos y económicos, para crear bases sólidas y generar puestos de trabajo que mejoren la competitividad de la producción y los servicios locales.