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La eficiencia laboral y la celumanía


Sin duda alguna que todos tenemos, natural y constitucionalmente, el derecho a la comunicación. No nos imaginamos a una sociedad aislada o a seres humanos que mantienen un soliloquio que raya o lidia con el autismo. Así como Daniel Defoe, magistralmente hace trascender la imposibilidad de la vida en soledad o asilamiento de los seres humanos respecto a los demás, cuestión que plasma en su monumental obra Vida y extraordinarias y portentosas aventuras de Robinsón Crusoe de York, publicada en el año de 1719; hoy día, más que en cualquier otra época, nos percatamos o damos cuenta de la importancia en comunicarnos con los demás y que los demás se comunique..

Pero me he percatado, al igual que cientos de miles de panameños, de ciertos excesos. Por ejemplo, la policía que está en las calles ya no cuida a los ciudadanos ni está al tanto de lo que sucede o no en nuestras avenidas, y ello, por una sola razón: las unidades están hablando por el celular. Sea en la ciudad o en el interior, los agentes de tránsito están ensimismados “parlando”, muy abstraídos del mundo circundante y de lo que acontece en sus alrededores, pues la conversación, al parecer, cosa que no dudamos, les resulta muy amena.

¿Me opongo a que hablen por celular durante sus jornadas diarias o en el patrullaje que hacen de nuestras calles y avenidas? Desde luego que sí. Es más, ni siquiera deberían usar el celular durante el ejercicio de sus funciones o labores. No deberían portarlo durante el trabajo.

Creo, firmemente, en la disciplina y así como en horas laborales, a nivel de la empresa privada, en no pocas de ellas, se le prohíbe a los trabajadores chatear o hablar por celular, salvo que se trate de celulares provistos por la empresa y para la atención exclusiva de los clientes de esa empresa, la misma ordenanza o regla debería operar a nivel de los policías y cuanto funcionario labora en la Administración Pública y en todas aquellas entidades del Estado que desenvuelven o prestan un servicio público.

Me causa mucho pesar y tristeza haberlos visto ensimismados, embelesados, ajenos y ausentes de sus funciones, tan solo porque chatean o conversan “de todo” con sus interlocutores, pero menos prestar eficientemente el servicio por el que se les paga. Esto, inclusive, se ve en la Asamblea Nacional cuando discuten o debaten, muchos de nuestros diputados se observan “parlando o parloteando” por el celular. Cuando no existía el celular, había más eficiencia: Pero, las cosas han cambiado. Creo que deberíamos poner orden en esto que, aunque parezca tonto o nimio, cuánto daño le hace al país.