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La elección de una carrera profesional

Por: Redacción 21/03/2016

A pesar de que el servicio de Orientación Profesional se ha transformado en una necesidad social, es notoria la poca importancia que las autoridades del Ministerio de Educación (Meduca) dan a este servicio educativo. Se pudiera decir que el Departamento o Dirección de Orientación Profesional ya no funciona en Meduca; no aparece en el organigrama, ni mucho menos se presta el servicio de profesores especializados en la materia (orientadores) en los colegios oficiales de la República, aunque el incremento de la burocracia se ha disparado en el sector educativo durante las últimas décadas.

La Orientación Profesional no es una tarea fácil de cumplir; es un servicio que además de estar bien organizado ?con personal debidamente capacitado? exige una serie de conexiones entre los hombres y mujeres que educan a la juventud y los que dan trabajo más tarde, colaboración estrecha entre las fuentes de trabajo y las esferas educativas que permitirá tener una visión realista del mundo del trabajo y realizar con mayor seguridad los objetivos que se ha fijado la Orientación Profesional para el mayor bienestar de los adolescentes del país.

Planteada así, objetivamente, la importancia de la Orientación Profesional y la deficiencia que, sobre el importante tema, acusa el Meduca en la actualidad, trataremos de examinar igualmente lo que sucede en el nivel universitario, dentro del mismo contexto.

La aspiración de los jóvenes estudiantes secundarios para ingresar a la universidad es lógica y digna de elogios, pues traduce en muchos casos una auténtica tendencia hacia la superación. Pero se observa con frecuencia un fenómeno de desorientación al tener que elegir a veces sin base suficiente, una carrera profesional, que el estudiante solo conoce por referencias subjetivas, por medio de juicio de valores que no tienen siempre una característica deseable de imparcialidad en sus contenidos.

Resulta más fácil, por ejemplo, diferenciar las capacidades que se exigen entre un dibujante industrial y un tornero mecánico, que entre un psicólogo y un sociólogo. Esto no significa que la carrera universitaria tenga superioridad sobre la carrera técnica; ambas son nobles y necesarias.

No debemos dejarnos llevar por razones de seudoprestigio en un país como el nuestro, que necesita cada día más de una mano de obra diversificada y bien formada en todos los rubros profesionales.

Esto significa simplemente que las tendencias, intereses y aptitudes de la juventud no se diferencian con facilidad a través de los estudios secundarios y que los niveles de aspiración profesional no se pueden determinar con la sola base del éxito o fracaso en los ramos del colegio.

Para elegir una carrera, en efecto, es necesario contestar varios interrogantes. Por ejemplo:

¿Qué exigencia de orden intelectual, de aptitudes concretas, de intereses y personalidad tiene la carrera?

¿Los contenidos anteriores están de acuerdo con la preparación, los deseos, el ideal de vida y las aptitudes del estudiante?

¿Hay algunos hechos concretos en la preparación del estudiante, en su modo de vida, en las sugerencias que ha recibido que permiten con objetividad decidirse sin temor al fracaso?

¿Siente el estudiante una atracción lógica, madura, hacia algún campo de estudios, o siente que sus intereses están más que todo influenciados por situaciones momentáneas?

Estas preguntas no se pueden contestar fácilmente. Para que el ser humano se adapte a una profesión es necesario que su propio modo de ser se identifique con lo que realmente la carrera exige.

La elección de una carrera es la realización de sí mismo, y no solo el rendimiento de un plan de estudios. Debemos pedir más orientadores, más informaciones, más estudios sobre proyecciones ocupacionales, pero también más reflexión objetiva de parte del estudiante y de su medio.

Elegir una carrera no es obedecer ciegamente un consejo, sino utilizar los consejos para lograr una definición de sí mismo y proyectar su futuro con toda libertad; sentirse comprometido en una lucha para superarse y pagar con el propio esfuerzo el alto precio que significa la conquista del prestigio, que no es más que la satisfacción lograda a través de una meta fija y sagrada: el nivel de aspiración, la realización de sí.

Pedagogo, escritor, diplomático.

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